Ejemplos ?
Tenía guardado su oro en un agujero que nadie conocía y, a pesar de esto, él notaba que las monedas iban disminuyendo poco a poco. Un día se escondió para sorprender al ladrón, y vio que era un duendecillo muy pequeño.
Al gato se le hacía la boca agua sólo de oírlo. -Me llama una entelequia -dijo el duendecillo-, lo cual no me cabe en la cabeza. ¡Me niega, simplemente!
«El señor Carnerero, habiéndole caído en las manos la ridícula producción del pobre autor criticuelo, se permite contra el tonto papelucho que quiere escalar su edificio toda clase de picias para constatar las observacioncillas de estudiantillo que los enemiguillos del Correo alaban en el Duendecillo pigmeo».
rase una vez un estudiante, un estudiante de verdad, que vivía en una buhardilla y nada poseía; y érase también un tendero, un tendero de verdad, que habitaba en la trastienda y era dueño de toda la casa; y en su habitación moraba un duendecillo, al que todos los años, por Nochebuena, obsequiaba aquél con un tazón de papas y un buen trozo de mantequilla dentro.
Había luz en el cuarto, y el duendecillo miró por el ojo de la cerradura y vio al estudiante que estaba leyendo el libro roto adquirido en la tienda.
El duendecillo estaba enojado con la señora porque -bien lo sabía él- no creía en su existencia. Es verdad que nunca lo había visto, pero, dada su vasta erudición, no tenía disculpa que no supiera que él estaba allí y no le mostrara una cierta deferencia.
-Eso ya serían chismes, querido hijito -contestó ella volviendo a poner el dedo en la nariz con su guiño de ojos, como un duendecillo de inteligencia sobrenatural-.
Sólo que el duendecillo no lo notaba hasta que se apagaba la luz de la buhardilla, y los melodiosos sones eran dominados por el silbar del viento.
Lo habían visto bailando en la selva, como un duendecillo detrás de los torbellinos de hojas, o acurrucado en el hueco de la vieja encina, compartiendo sus nueces con las ardillas, y no les importaba en absoluto que no tuviese esos rasgos que los humanos consideran belleza.
Se fueron de este Puerto un día, dejándonos el amargo sabor; de lo que se pierde en vano, con mucha desolación. EL DUENDECILLO VEHEMENTE Estaba Dios conversando, con hadas y duendecillo; y con ellos comentando, acerca del paraíso.
¡Voy a hacer que se queme la comida! Y el duendecillo se puso a soplar en el fuego, que se reavivó y empezó a chisporrotear. ¡Surterurre-rup!
Cada cual quería salvar lo mejor, y también el duendecillo; y de un salto subió las escaleras y se metió en la habitación del estudiante, quien, de pie junto a la ventana, contemplaba tranquilamente el fuego, que ardía en la casa de enfrente.