dominicano

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Búsquedas relacionadas con dominicanos: dominicos

dominicano, a

1. adj. De la República Dominicana, estado de las Antillas.
2. s. Persona que es natural de este estado antillano.
3. s. m. LINGÜÍSTICA Variedad lingüística del español hablada en este país antillano.
4. adj. RELIGIÓN Dominico, de la orden religiosa de Santo Domingo.
5. s. RELIGIÓN Dominico, persona que es miembro de la orden de Santo Domingo.

dominicano, -na

 
adj.-s. Dominico.
De la República Dominicana.

dominicano, -na

(domini'kano, na)
abreviación
que tiene relación con Santo Domingo o República Dominicana música dominicana
Traducciones

dominicano

Dominican

dominicano

Dominicaner, Dominikaner

dominicano

domenicano

dominicano

Dominicaanse

dominicano

Dominicana

dominicano

Δομινικανή

dominicano

Dominikánská

dominicano

Dominikanske

dominicano

Dominikanska

dominicano

โดมินิกัน

dominicano

/a ADJ & SM/F (Geog, Rel) → Dominican
Ejemplos ?
O hablaba, o escribía, sin descanso. Los frailes dominicanos lo ayudaban, y en el convento de los frailes se estuvo ocho años, escribiendo.
10.- La enumeración contenida en los artículos 8 y 9 no es limitativa, y por consiguiente, no excluye otros derechos y deberes de igual naturaleza. DERECHOS POLITICOS = DE LA NACIONALIDAD ART.11.- Son dominicanos: 1.
El canto llano era casi ignorado entre los monjes de Chile, y franciscanos, dominicanos y agustinos comprometieron a nuestro músico para que les diese lecciones, a la vez que el gobierno lo contrataba como director de las bandas militares.
En esta capital y con motivo de la reunión de la CEPAL, sinteticé así nuestra postura: 'El pueblo y el Gobierno de México están unidos en la convicción de que a los dominicanos y sólo a los dominicanos corresponde decidir acerca de su gobierno y en general acerca de su futuro.' Como se tuviera noticia que algunos países se proponían plantear ante la Conferencia de Río la creación, como institución permanente, de una 'Fuerza Interamericana' que, como medida excepcional, de emergencia, aprobó una mayoría de Estados Americanos en el caso de Santo Domingo, México adelantó opinión adversa.
Todas las personas nacidas en el extranjero, de padre o madre dominicanos, siempre que, de acuerdo con las leyes del país de su nacimiento, no hubieren adquirido una nacionalidad extraña; o que, en caso de haberla adquirido, manifestaren, por acto ante un oficial público remitido al Poder Ejecutivo, después de alcanzar la edad de diez y ocho (18) años, su voluntad de optar por la nacionalidad dominicana.
Por otra parte, tampoco parece comprensible que puedan ser considerados como perseguidos políticos de las autoridades mexicanas extranjeros que, diciéndose precisamente víctimas de persecución política en su país de origen, habían sido muy recientemente salvados por México de esa supuesta o real persecución, al concederles asilo -caso de algunos brasileños y dominicanos- y haberles abierto los generosos brazos de su hospitalidad, poniéndolos bajo el amparo de la Constitución y las leyes mexicanas, en pleno ejercicio de su libertad.
Los dos tenían que ayudarse, eso era lógico; tanto ayudó Trujillo como ayudó Somoza, y le vendieron armas, ¡y le vendieron armas! Nosotros podríamos decir que tenemos también el mismo derecho a venderles armas a los exiliados dominicanos.
Con esta finalidad, el Estado estimulará el desarrollo del crédito público en condiciones socialmente ventajosas, destinado a hacer posible que todos los dominicanos posean una vivienda cómoda e higiénica.
Cuando en febrero de 1822, la parte oriental de la isla, cediendo tan sólo a la fuerza de las circunstancias, aceptó recibir el ejército del general Boyer que, como amigo, fue más allá de los límites de una y otra parte, los españoles dominicanos no pudieron creer que, con tan disimulada perfidia, hubiera podido faltar a las promesas que le sirvieron de pretexto para ocupar el país y sin las cuales hubiese debido vencer muchas dificultades y hasta caminar sobre nuestros cadáveres, si la suerte lo hubiese favorecido.
Confiamos, sin embargo, en la misericordia divina que nos protegerá e inducirá a nuestros adversarios a una reconciliación justa y razonable para que se evite el derramamiento de sangre y las calamidades de una guerra espantosa que no provocaremos pero que será una guerra de exterminio, si debiera producirse. ¡Dominicanos!
Determinará la manera a su juicio más conveniente para conservar la libertad adquirida y nombrará, por fin, jefe supremo del ejército, obligado a proteger nuestras fronteras, a uno de los más distinguidos patriotas, poniendo bajo sus órdenes a los subalternos que le sean necesarios. ¡Dominicanos!
Lo que sí les puedo asegurar a los revolucionarios dominicanos es que no los dejaremos solos, y es con esa promesa con la que me quiero despedir de ustedes: nos veremos en la universidad de Santo Domingo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).