Ejemplos ?
Aquí se encuentra por ejemplo el factor de la regla o la educación artística: a pesar de Kant reconoce que el conocimiento de la regla y la forma, los procesos mecánicos de la técnica, no son la condición que determina el verdadero arte bello, sí son componentes necesarios para que el genio pueda canalizar sus talentos naturales en la creación artística. Utilizando la metáfora kantiana, es erróneo suponer que el caballo salvaje es más apto para el jinete que el corcel domado.
Una cuadrilla de montañeses cuya sola avidez se reducía a poseer unas cuantas pieles de carnero, después de haber domado la fiereza austriaca, destruyó la opulenta y temible casa de Borgoña que hacía temblar los potentados de Europa.
Pues como en lo alto del Tauro agitando sus brazos 105 a una encina, o a un conífero pino de sudante corteza, un indómito torbellino, contorsionando con su soplo su robustez, lo arranca: el árbol, lejos, desenterrado de raíz, hacia adelante cae, ampliamente todo cuanto se encuentra quebrando, así, domado su cuerpo, a aquel salvaje postró Teseo, 110 que para nada lanzaba a los vanos vientos sus cuernos.
Y obseso de ti, endemoniado, imprevista locura del oráculo, gasté la mirra y los inciensos vanos; quemé la estrella del desierto en oro; rompí cadenas que me habían domado y di la luz a tu aventura en guardia —antorcha— para mostrarte el viento...
Luego la saña del León de Europa el ósculo fue a daros de falsía, y en orgullosa tropa, vuestras mismas mansiones, vuestros lechos fue bárbara a ocupar; y generosos odio no le juraron vuestros pechos. Cobra el valor, cacique, y la esperanza, que el León se ha domado; el tiempo ya ha venido de bonanza, pueblo inocente.
Hagan plaza, den entrada, que viene triunfando Amor de una batalla mortal en que ha sido vencedor. = Una soberbia hermosura armas contra Amor previene, por huir del dulce yugo que ha domado tantas frentes.
Un solo invierno relajó a Aníbal; aquél hombre al que no habían domado las nieves ni los Alpes, enervaban las delicias de la Campania: vencedor por las armas, fue vencido por los vicios.
¿De qué aquella disciplina, con que dice la Sagrada Escritura que se deben sacudir los costados del hijo querido, porque no se haga indómito, y estando duro, agreste e inflexible, con dificultad pueda ser domado o quizá no pueda?
La Pampa es, de todos los desiertos, el más fácil de vencer; ofrece recursos; tiene pastos y aguadas; está libre de los indios, y bien pocos son los animales feroces o ponzoñosos que viven en ella: su resistencia es puramente pasiva y cede con facilidad; pero no por esto deja de tener sus resabios de redomón mal domado, para rechazar las atrevidas acometidas del hombre.
Crecerían estos y se multiplicarían, y pronto, una nueva raza, la raza del Sud, blanca y rubia, de espíritu ponderado, fuerte, musculosa, emprendedora, libre de la indolencia nativa de los arribeños y de su nerviosidad enfermiza, formaría en la Nación Argentina, un núcleo de enérgicos porta espadas que, después de haber domado y poblado las áridas planicies y los valles fértiles de la Patagonia, ayudarían eficazmente a sus compatriotas del norte a hacer respetar, en mar y en tierra, su independencia, y a fomentar el progreso patrio, en todas sus formas, desde la aplicación amplia y sin mentiras de la liberal constitución argentina, hasta el desarrollo sin límite de las colosales fuerzas productoras del país.
Te refieres a de los miembros muertos de seres queridos, revolcados por las olas, sin cesar zambullidos, arrastrados en sus largas capas errantes. MENSAJERO. No era suficiente cl arco, y todo nuestro ejército sucumbió, domado por los espolones navales. CORO.
Estando yo bien domado con tales penas y tribulaciones, la cruel Fortuna me trajo a otro nuevo tormento; conviene a saber: que como dicen yo me gloriase haber sufrido trabajos de loar, así en casa como fuera de ella, aquel buen pastor que tarde escuchó el mandado de su señor, plúgole ya de echarme a las yeguas; finalmente, desde que yo me vi asno libre, alegre y saltando con mis pasos blandos a mi placer, andaba escogiendo las yeguas que mejor me parecían, creyendo que habían de ser mis enamoradas.