divinidad


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divinidad

(Del lat. divinitas, -atis.)
1. s. f. Naturaleza divina, esencia de los seres divinos la divinidad de sus obras. deidad
2. Dios pagano las divinidades grecolatinas; divinidad antropomórfica. deidad
3. Persona o cosa muy hermosa o de gran calidad le regaló una sortija que era una divinidad.
4. decir o hacer divinidades Decir o hacer cosas con habilidad e ingenio hace divinidades con su voz.

divinidad

 
f. Naturaleza divina.
Ser divino, dios.
fig.Persona o cosa dotada de gran hermosura.

divinidad

(diβini'ðað)
sustantivo femenino
1. teología conjunto de cualidades que definen a un dios la divinidad de los dioses griegos
2. dios, ser superior en determinadas culturas divinidad griega
Sinónimos

divinidad

sustantivo femenino
deidad, dios.
Una y otra forma hacen referencia tanto a la naturaleza de los seres divinos: la deidad de Jesucristo, la divinidad de la naturaleza, como a los propios seres divinos: las deidades del mar o las divinidades de los templos hindúes.
Traducciones

divinidad

deità, divinità

divinidad

divindade

divinidad

divinidad

divinidad

SF
1. (= dios) una divinidada deity
la DivinidadGod, the Godhead
divinidad marinasea god
divinidad paganapagan god/goddess
2. (= esencia divina) → divinity
3. (= preciosidad) ¡qué divinidad!; ¡es una divinidad!it's gorgeous!, it's lovely!
Ejemplos ?
FEDÓN.- Mis impresiones de aquel día me parecieron verdaderamente extrañas, porque lejos de sentirme lleno de compasión por la muerte de un amigo, le encontraba digno de envidia al ver su tranquilidad y escuchar sus discursos; la intrepidez que demostraba ante la muerte me persuadía de que no dejaba esta vida sin la ayuda de alguna divinidad que le llevaría a otra para ponerle en posesión de la mayor dicha que los hombres puedan disfrutar.
No halló todo el estudio de la maldad y todo el desvelo de la traición otra manera de hacer a César aborrecible, sino ampliarle la soberanía, las honras y el poder, y crecerle en divinidad los nombres y los blasones.
No sería mucho que hubiese la Historia aprendido esta fábula de la poesía, o que los aduladores de César, que después de su muerte le hicieron dios, afirmando que su alma la vieron arder estrella, le añadiesen por adherentes de divinidad estos prodigios.
Los sacrificios, el empleo de la adivinación, es decir, todas las comunicaciones de los hombres con los dioses, no tienen más objeto que mantener o curar el amor, porque toda nuestra impiedad viene de que en todos nuestros actos no buscamos ni honramos al mejor amor, sino al peor en nuestras relaciones con los seres vivientes, los nuestros y los dioses. Lo propio de la divinidad es vigilar y conservar estos dos amores.
Empiezo diciendo que Sócrates se asemeja a esos Silenos que vemos expuestos en los estudios de los escultores, a los que los artistas representan con una flauta o con pitos en la mano; si separáis las dos piezas de que se componen estas estatuas, encontraréis en su interior la imagen de alguna divinidad.
Terminada, continuó la otra y la otra y la otra y el funéreo individuo no se alejaba de su puesto. Sin duda era un apasionado por la meditación y el ruego, por el diálogo con la divinidad.
En España el Rey era designio divino y su representación en la tierra (en el siglo XVI el concepto de la divinidad era muy diferente al actual).
Estoy convencido de que el mejor partido que yo puedo tomar es hacerme tu discípulo y hacer saber a Melito, antes del juicio de mi proceso, que hasta aquí he mirado como una de las mayores ventajas saber bien las cosas divinas; pero que hoy día, viendo que me acusa de haber caído en el error introduciendo temerariamente opiniones nuevas sobre la divinidad, me he pasado a tu escuela.
El objeto que Dios se propone al privarles del sentido, y servirse de ellos como ministros, a manera de los profetas y otros adivinos inspirados, es que, al oírles nosotros, tengamos entendido que no son ellos los que dicen cosas tan maravillosas, puesto que están fuera de su buen sentido, sino que son los órganos de la divinidad que nos habla por su boca.
Sócrates: ¡Ah!, qué es lo que haces, mi querido Eutifrón, esta marcha precipitada me priva de la más grande y más dulce de mis esperanzas, porque me lisonjeaba con que después de haber aprendido de ti lo que es la santidad y su contraria, podría salvarme fácilmente de las manos de Melito, haciéndole ver con claridad que Eutifrón me había instruido perfectamente en las cosas divinas; que la ignorancia no me arrastraría a introducir opiniones nuevas sobre la divinidad; y que mi vida sería para lo sucesivo más santa.
Me parece, que la divinidad nos ha dejado ver en él un ejemplo patente, para que no nos quede la más pequeña duda de que si bien estos bellos poemas son humanos y hechos por la mano del hombre, son, sin embargo, divinos y obra de los dioses, y que los poetas no son más que sus intérpretes, cualquiera que sea el Dios que los posea.
En un lugar de Schelling — en la Filosofía de la Mitología, obra de su vejez atormentada — sostiene el filósofo profundamente que un pueblo es, en última instancia, su mitología, su idea de la divinidad.