dionisiaco

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dionisiaco

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Otros autores otorgan a la zarabanda un origen exclusivamente español o africano, habiendo llegado a España a través de la invasión musulmana. Alonso López, "el Pinciano", remonta sus orígenes incluso al culto dionisiaco.
El libro describe en primer término cómo el rito tanto apolíneo y dionisiaco se debaten constantemente en la vida de los seres humanos.
La derivación sophistés se dio a los Siete Sabios en el sentido de «filósofos» y así llama Heródoto a Pitágoras, a Solón, y a quienes fundaron el culto dionisiaco.
Desde sus primeros relatos, en Gehirne, Benn retomará todo el elemento dionisiaco de la obra nietzschena, y desarrollará una creación cuya principal característica será la de la eruptividad en sentido dionisiaco.
Siendo artista fundamental del primer neoclasicismo italiano, Giani nunca se desvió de un estile muy personal y extraño, ya que el estaba lleno de atributos de lo antiguo (no es decir a aquello álgido y purificado de Johann Joachim Winckelmann, si no aquello colorado y “dionisiaco” de Ercolano y Pompei), de Miguel Ángel y la pintura del manierismo, particularmente la versión imaginativa e irónica de Giulio Romano y de los frescos boloñeses de Pellegrino Tibaldi.
Nos referimos a la cuestión de lo dionisiaco, sobre la que volveremos más adelante y que no proviene, nos anticipamos a señalarlo, de Nietzsche, ni de la larga tradición teutona hacia Grecia, sino de la experiencia personal del poeta en su juventud, probablemente en los campos de su lejana tierra paterna.
Stan propone que ese tipo de experiencias revelan que el protagonista y narrador ha sido «hedonista», «dionisiaco» e «histriónico», caracterizado por una falta de voluntad de tomar una distancia crítica del «objeto de su contemplación» y mostrando una «psicología del exceso».
Para el filósofo, existe un falseamiento de la conciencia al vivir el hombre en un mundo regido de forma apolínea, el que no permite la entrada de un estado dionisiaco en el que el sujeto tenga la voluntad de encarnar sus deseos más íntimos, es decir, la voluntad de poder ser.
El filósofo alemán se descubre a sí mismo como portador y emblema del valor dicotómico que distingue su filosofía: describe y relee toda su vida bajo la feliz óptica de lo dionisiaco.
Giordano Bruno sigue adicto a su entusiasmo por la naturaleza aunque en su vuelta al neoplatonismo y a la magia, le hace abocar a un naturalismo dionisiaco que en realidad detiene el proceso de acercamiento a la ciencia.
Es una forma provocadora de ver las distinciones habituales: clásico versus romántico, las nietzcheanas apolíneo versus dionisiaco, moderno versus posmoderno, y así sucesivamente.
De este último se conservan 12 odas triunfales (epinicios), fragmentos de peanes dedicados a Apolo y ditirambos de carácter dionisiaco.