dinastía

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dinastía

(Del gr. dynasteia, dominación.)
1. s. f. POLÍTICA Serie de reyes o soberanos de un país, que pertenecen a la misma familia. casa, familia
2. POLÍTICA Familia en cuyos individuos se perpetúa el poder o la influencia política, económica o cultural pertenece a una dinastía de grandes médicos. linaje
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

dinastía

 
f. Serie de príncipes soberanos pertenecientes a una familia.
Familia en cuyos individuos se perpetúa el poder o la influencia política, económica, cultural, etc.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

dinastía

(dinas'tia)
sustantivo femenino
1. serie de monarcas que pertenecen a una misma familia dinastía Borbón
2. periodo de tiempo durante el cual ejerce el poder una familia de monarcas Durante la dinastía Ming la acupuntura en China llegó a su esplendor.
3. familia que perpetúa en su descendencia el poder político, cultural o económico Su familia pertenece a una dinastía de abogados.
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Traducciones

dinastía

dynasty

dinastía

dynastie

dinastía

ca', dinastia

dinastía

династия

dinastía

dynastie

dinastía

dynasti

dinastía

שושלת

dinastía

王朝

dinastía

왕조

dinastía

Dynasty

dinastía

ราชวงศ์

dinastía

SFdynasty
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Así que, respetada todavía la lógica, llegamos a tener una revolución triunfante que daba al pueblo todas las libertades imaginables, menos la de poner en el trono nada que tuviese que ver con la derribada dinastía.
-Si las Juntas revolucionarias -concluyó oficialmente el Ministerio en su Manifiesto a la nación -, si las Juntas revolucionarias no han guardado silencio en todo lo que se refiere a forma de gobierno, no ha sido por no prejuzgar la cuestión, cuyo fallo corresponde a las Cortes Constituyentes, sino porque «no han confundido las personas con las cosas, ni el desprestigio de una dinastía con la alta magistratura que simboliza»; además, hay necesidad de no despertar desconfianza en Europa, por razón de la solidaridad de intereses que liga a todos los pueblos del antiguo continente.
¿Qué va a ofrecer Serrano, qué el general Prim, qué Topete, qué Izquierdo...; qué tantos otros que deben cuanto son a la inconcebible munificencia de su víctima, la dinastía por ellos derrocada; qué van a ofrecer, digo, sobre la tumba de los que murieron por su rey ?
En éstas y otras, la ingrata, la indigna Isabel de Borbón, me nombra marqués de los Castillejos, haciéndome grande de España, con cuyo motivo «juré por la cruz de mi espada» derramar hasta la última gota de mi sangre en defensa de la dinastía que así me trataba.
Por lo mismo, yo me reservo para dar mi dictamen definitivo cuando sepamos que piensan los gobiernos de Inglaterra y de Francia sobre el mencionado cambio de sistema y elección de dinastía.
No se arruinó, porque eso no entraba en sus principios; se limitó a derrochar, como derrochan todos sus congéneres: yates, coches (no existían automóviles aún), caballos, palacios, quintas, festines, viajes con séquito, adquisición de obras de arte más o menos auténticas, fundaciones benéficas e instructivas más o menos útiles; entre ellas, la de la fuente continua de agua de la Florida, donde se perfumaban gratuitamente los moradores de Kentápolis, ciudad dominada por la opulencia de la dinastía Dorcksetter.
Lo único que hay de determinado y ya indiscutible es, que la dinastía incásica tuvo hábitos belicosos y de conquista, y qué fué ingénita en ella la generosidad para con los vencidos.
Los intrusos gobiernos que se abrogaron la representación nacional aprovecharon pérfidamente las disposiciones que la buena fe, la distancia, la opresión y la ignorancia daban a los americanos contra la nueva dinastía que se introdujo en España por la fuerza; y contra sus mismos principios, sostuvieron entre nosotros la ilusión a favor de Fernando, para devorarnos y vejarnos impunemente cuando más nos prometía la libertad, la igualdad y la fraternidad, en discursos pomposos y frases estudiadas, para encubrir el lazo de una representación amañada, inútil y degradante.
La entrada de la Rabicortona hizo levantarse al Pímporrío, e, cual, recordando las actitudes en que solía subyugar las hembras más indóciles y descontentadizas en sus ya remotas mocedades, plantóse la mano derecha en la cintura, echóse con la zurda el blanco pero sobre la sien y sin arquear el busto, por tenerlo ya más quearqueado por la edad, exclamó comiéndose a aquélla con los ojos: -¡Olé ya por las jembras de chipé, de bandera, de tronío, y bendita sea la yunta que inventó tu dinastía!
Y aún así, si apuradas todas las amarguras, la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial, estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás.
Repítense en esta fórmula, como acaba de verse, los mismos conceptos del juramento establecido tres años después por el Congreso de Tucumán. Independencia absoluta irrevocable y sin condiciones con respecto a la dinastía española y a los Estados extranjeros.
Este Estado será un monarquía parlamentaria constitucional y democrática, con la dinastía Karađorđević, que siempre ha compartido los ideales y sentimientos de la nación anteponiendo a todo la libertad nacional, a la cabeza.