dije


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dije

1. s. m. INDUMENTARIA Y MODA Joya, adorno o relicario que se lleva colgando de una cadena, de una pulsera o de un imperdible.
2. coloquial Persona de grandes cualidades físicas o morales.
3. coloquial Persona muy compuesta y acicalada.
4. coloquial Persona apta para hacer muchas cosas.

dije

 
m. Alhaja pequeña que suele llevarse por adorno.
fig.Persona de relevantes cualidades físicas o morales.
Sinónimos

dije

sustantivo masculino
Traducciones

dije

1
V decir

dije

2 SM
1. (= relicario) → locket
2. (= amuleto) → charm

dije

3 ADJ (Cono Sur)
1. (= guapo) → good-looking
2. (= encantador) → nice, sweet
Ejemplos ?
Mas el mesmo Dios, que socorre a los afligidos, viéndome en tal estrecho, trujo a mi memoria un pequeño remedio; que, considerando entre mi, dije: “Este arquetón es viejo y grande y roto por algunas partes, aunque pequeños agujeros.
Ningún transeúnte, ningún rezagado, ningún vagabundo, ni siquiera el maullido de un gato en celo. Nada. «¿Dónde estaban los agentes de policía?", me dije. «Voy a gritar, y vendrán.» Grité, no respondió nadie.
—pregunta mi mujer levantando la cabeza. Yo la miro, más sorprendido de su pregunta que ella misma, y respondo: —Lo que te dije: ¡qué seré siempre así!
En uno de esos momentos llamé la atención de Luis. —¡Mira! —le dije—. ¿Qué pasará? En efecto, la agitación de las gentes, muy viva desde unos minutos antes, se acentuaba con la entrada en la sala de un nuevo ataúd.
La última noche, mi novio cayó de pronto ante mí y apoyó su cabeza en mis rodillas. —Mi amor —murmuró. —¡Cállate!—dije yo. —Amor mío —recomenzó él.
¡Antoniño! ¡Yalma mía! ¡Siempre lo dije, siempre lo dije, que habías de morir de mala muerte! ¡De muerte fea! Hubo un movimiento de indignación en los familiares, en los señores del acompañamiento...
Y crujía la descarga, y yo estaba vivo. --¡Esta es!... me dije por último. Y sentí que me cogían por los hombros, y me sacudían, y me daban voces en los oídos....
¿No sería, pues, como antes dije, sumamente ridículo que un hombre que ha estado dedicado durante toda su vida a esperar la muerte, se indigne al verla llegar?
No bien dejó de hablar Ramón, cuando me levanté y le dije, con lágrimas, con risa, abrazándolo, trémulo, yo no sé cómo: --¡Te debo la vida!
Había surgido de la bruma como un fantasma de piedra y, a pesar de la rigidez de su arquitectura, a pesar del vaho triste y fantástico que lo envolvía, reconocí enseguida un cierto aire de hospitalidad cordial que me serenó el espíritu. Seguramente –me dije– los huéspedes de esta morada son gentes sedentarias.
Enid me miró inmóvil, y seguramente subieron a su memoria los últimos instantes de Wyoming, porque me rechazó violentamente. Pero yo no quité la cabeza de su falda. —Te amo, Enid—le dije—. Sin ti me muero...
“En mí teníades bien que hacer, y no haríades poco si me remediásedes”, dije paso, que no me oyó; mas como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Spiritu Santo, le dije: “Tío, una llave de este arca he perdido, y temo mi señor me azote.