Ejemplos ?
en cumplimiento de mi obligación, que en esta última posta he recibido carta del Ilustrísimo señor marqués de Rubí, virrey y capitán general del reino de Mallorca, de 31 de julio pasado, en la que me remite dos copias de cartas de la ciudad de Barcelona fechas en 23 del mismo mes, la una para la difunta reina y la otra para mí, dándome orden que la pusiese luego en la Reales manos de S.
Y usted –añadió volviéndose a Augusto– ¿quién es? –Yo soy, señora, Augusto Pérez, hijo de la difunta viuda de Pérez Rovira, a quien usted acaso conocería.
Y lo curioso, y que hasta reglamentario parece, es que toda poetisa anónima, des- pués de dar á luz una composición magistral, rompía la pluma y se daba por difunta, como diciendo á la posteridad: para muestra de mi quincallería intelectual y poética, te dejo un solo botón.
Por consiguiente, la única cosa que inquietaba al futuro esposo era ver a ese pariente tan bien establecido en la casa que iba a ser suya después de la boda y que no parecía fácil de desalojar, pues cada día se le veía más sólidamente incrustado en ella. Y eso que era sobrino político de Javotte, pues era hijo del primer matrimonio de la difunta esposa de maese Goubard.
Cuando perdí a mi pobre difunta, me iba por los campos para estar solo, caía al pie de un árbol, lloraba, invocaba a Dios, le decía tonterías; hubiera querido estar como los topos10, que veía colgados de las ramas con el vientre corroído por los gusanos, muerto, en una palabra.
Declaro: fui casado legalmente con la Sra. Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tuvimos hijo alguno. Declaro: que cuando contrajimos matrimonio, mi referida esposa, no introdujo a el ninguna dote, ni otros bienes, y yo introduje todo cuanto heredé de mis padres.
Y entonces se atrevieron los hermanos; descorrieron el cerrojo, voltearon la llave... La mano estaba allí..., engarrotada, pálida, como una araña difunta...
Queda la infeliz difunta; mas tienen el privilegio las hembras del disimulo, y en los críticos encuentros mucha mayor agudeza que el hombre de más ingenio.
Después sonrió, tomó el rosario y le dio vueltas entre los dedos. Por último, dirigiéndose a la abadesa, ordenó: -Que avisen al confesor de la difunta; deseo hablarle.
Dio principio el funeral. Las monjas oraban desde el coro por el eterno descanso de la difunta, porque era una mujer. Acabada la misa y rezados los responsos, dos hombres se pararon delante de la celosía, tras de la cual se hallaban las religiosas.
El dolor trastornó algo su razón, y a los pocos meses dio en mandar comparecer a su presencia a todas las jóvenes de la corte, después a las de la ciudad y luego a las del campo, diciendo que se casaría con la que fuera más bella que la reina difunta; pero como ninguna podía compararse con ella, todas eran rechazadas.
y de nuestra difunta y graciosa soberana la reina Maria, de feliz memoria, se promulgo por el Parlamento una ley denominada “Ley para declarar los derechos y libertades de los súbditos y para determinar la sucesión a la Corona”, por la cual, entre otras cosas, se establecía y declaraba que la Corona y el gobierno real de Inglaterra, Francia e Irlanda y de sus posesiones se confiaban a V.