Ejemplos ?
El olvido y el desprecio de estos derechos son las causas principales de las desgracias públicas, de las opresiones y de la corrupción de los Gobiernos.
A su vez el Viajante, con desprecio: -Pero ¿tú no sabes que el tren va por carriles, y esta endrómena por todas las carreteras, hom?
- ¡Camarada! ¡Disfrutas de una calma asombrosa! ¡Hablas de Parrón con un desprecio!... - Pues ¿qué es Parrón más que un hombre? -repuso Manuel con altanería.
se ha desentendido de todo nuestro comprometimiento, y lo que es mas, que trata de V. de declarame cándido, incluyendo en ello el mas negro desprecio hácia mi amistad.
Busca, pues, el sosiego dulce y caro, como en la oscura noche del Egeo busca el piloto el eminente faro; que si acortas y ciñes tu deseo dirás: "Lo que desprecio he conseguido; que la opinión vulgar es devaneo." Más quiere el ruiseñor su pobre nido de pluma y leves pajas, más sus quejas en el bosque repuesto y escondido, que agradar lisonjero las orejas de algún príncipe insigne, aprisionado en el metal de las doradas rejas.
En cambio, honraron a Aquiles, hijo de Tetis, y le recompensaron enviándole a las islas Afortunadas, porque habiéndole predicho su madre que si mataba a Héctor moriría en seguida después, y que si no le combatiera, volvería al hogar paterno, donde moriría después de edad muy avanzada, no vaciló, sin embargo, ni un instante en defender a su amante Patroclo y en vengarle con desprecio de su propia vida, y quiso no sólo morir por un amigo, sino hasta morir sobre el cuerpo de aquel amado.
Se lo suplico. Yo desprecio al señor abogado con todos sus mal adquiridos millones, y ni le he contestado, ni le contestaré. ¡Cobarde y avaro, imaginó desde luego que podría hacer suya a una mujer como yo, sólo con defender de balde nuestra causa!
o desprecio con que sistemáticamente se abstenía de llevar la contraria a su ilustre primo, cruzó los brazos a lo filósofo, clavó la vista en el techo de la alcoba, y se puso a silbar el himno de Riego.
Se acuerda del contratista, de la ojeada de desprecio con que le dijo al concederle jornal: -Te tomo..., no sé por qué; no vas a valer; estás esmirriado; eres un papulito que siquiera puedes con la herramienta...
Predican sabios vates vengadora pelea, y sin saber su mal, al verles fracasados les juzgan impotentes, les niegan toda idea: «Pueden, sin recoger suspiros mendigados, cual se encabrita el búfalo que aspira la tormenta, saborear ahora males eternizados.» «De incienso embriagaremos al Fuerte porque alienta en lucha con los fieros serafines del Mal; cada farsante de estos sin ropa roja intenta detenernos.» Y escupen su desprecio mortal al desnudo que implora, de inmensidad indigente.
Muy al caso has venido, según veo, a dar satisfacción a mi deseo.» Dio Orlando, sonriendo con desprecio y alzándose, respuesta a aquel bergante: «Yo las armas sabré venderte a un precio que nunca registró ningún tratante.» Y, asiendo del vecino fuego recio un tizón encendido y humeante, arreó con él a aquella comadreja donde van a lindar nariz con ceja.
Su medicina se cierra en este aforismo: O no empezar a ser tirano, o no acabar de serlo; porque es más ejecutivo el desprecio que el temor.