desdichado

(redireccionado de desdichados)
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desdichado, a

1. adj./ s. Que sufre desdichas o desgracias. desventurado
2. adj. coloquial Que es infeliz, cobarde y no tiene malicia. apocado, simple
3. Que causa desdicha o es inoportuno tomaron una desdichada decisión. aciago, desacertado, desafortunado
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

desdichado, -da

 
adj.-s. Desgraciado.
fig. y fam.Cuitado, sin malicia, pusilánime.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

desdichado, -da

(desði'tʃaðo, -ða)
abreviación
que sufre desgracia o infelicidad desdichado en el amor
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

desdichado

, desdichada
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

desdichado

unglücklich

desdichado

/a
A. ADJ
1. [persona] (= infeliz) → unhappy; (= desgraciado) → unlucky
¡qué desdichado soy!how wretched I am!
2. [día] → ill-fated
fue un día desdichadoit was an ill-fated day
B. SM/Fpoor devil
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Asustado me cubrí la cabeza con la sábana y me puse a rezar, inconsciente y temeroso, por todos esos desdichados a quienes no conocía.
¿El poder, la riqueza, qué valen comparados con el placer que ofrece la belleza? Que los mortales son más desdichados cuanto más de natura desviados.
Entretanto, algunos otros, tan desdichados como ellos, se deshacían a duras penas de los lazos con que el parentesco y la amistad querían conservarlos algunos momentos más en tierra.
A pesar de nuestro ardiente deseo de hacerlo todo para aquellos desdichados, la actividad de las hermanas de caridad nos usurpaba la mayor parte de nuestra tarea con gran pesar nuestro.
Los autores de la petición hacían ver humildemente a la honorable Cámara... Los desdichados súbditos de su Graciosa Majestad». Parecía que aquellas palabras eran en su boca una bebida deliciosa.
Acordaos que la suerte de América no está decidida; que la de las armas no siempre os favorece, y que las represalias en todo tiempo son terribles. Hermanos, amigos y conciudadanos, abracémonos, y seamos felices en vez de hacernos mutuamente desdichados.
Nada nos falta para hacernos felices: en nuestra mano estará el serlo; pero solo tendremos para conseguirlo el pequeño trabajo de consultar a la naturaleza en todas nuestras necesidades. Ella nos ofrece sus auxilios: ¿pues qué temor podrá haber de que seamos desdichados?
Conoce el sabio que muchos de los que andan con la toga y la púrpura, aunque tienen buen color y parece que están fuertes, están malsanos; y así, los mira como a enfermos destemplados, y con esto no se ensaña, aunque desvergonzadamente se atrevan a intentar con la enfermedad alguna cosa contra el que los cura; y como hace poca estimación de los honores que el enfermo le da, tampoco hace caudal de las acciones contumeliosas: y como hace poco aprecio de que un mendigo le honre, tampoco tiene por injuria si algún hombre de los de la ínfima plebe, siendo saludado, no le pagó la cortesía; ni se estima en más porque muchos ricos le estiman: porque conoce que en ninguna cosa se diferencian de los mendigos, antes son más desdichados...
ntre los despojos que los ingleses llevaron de la ciudad de Cádiz, Clotaldo, un caballero inglés capitán de una escuadra de navíos, llevó a Londres a una niña de edad de siete años, poco más o menos, y esto contra la voluntad y sabiduría del conde de Leste, que con gran diligencia hizo buscar a la niña para volvérsela a sus padres, que ante él se quejaron de la falta de su hija, pidiéndole que pues se contentaba con las haciendas, y dejaba libres a las personas, no fuesen ellos tan desdichados; que ya que quedaban pobres, no quedasen sin su hija, que era la lumbre de sus ojos y la más hermosa criatura que había en toda la ciudad.
Sentados sobre una de las trincheras, todavía en pie, de los desdichados vencidos, nos narró el episodio con la más estudiada modestia.
El mismo autor nos dice: :::: “Los alguaciles, aves rapantes de pobres, se emplean en estos (los indígenas) con tanta hambre, que no les dejan traste, trapo ni alhajuela vil que no se la lleven con tanta furia, que el miserable indio, viéndose despojado con ésta violencia, no tienen boca de miedo para quejas, por escusar tras del robo, otro tropel de molestias y vejaciones: y por aliviárselas los jueces, sin entrar a sus casas, a la puerta les piden dinero de la visita, y lo dan los indios de mejor gana, que experimentar el saco de criados y alguaciles, aunque la ordenanza se guarde en el archivo: así compran los desdichados indios el desabrigo que antes tenían y pasan las enfermedades de muerte con toda descomodidad.” ...
Ponme luego en la calle, o a lo menos junto a la iglesia mayor, porque desde allí bien sabré volverme a mi casa; pero también has de jurar de no seguirme, ni saberla, ni preguntarme el nombre de mis padres, ni el mío, ni de mis parientes, que, a ser tan ricos como nobles, no fueran en mí tan desdichados.