Ejemplos ?
Unos, después de perderse en grandes rodeos, no decidieron por elección el paraje de su morada, sino que se detuvieron por cansancio en el más inmediato; otros se apoderaron por las armas de las tierras ajenas; algunos que navegaban hacia playas desconocidas quedaron sepultados en el abismo, y otros, en fin, se fijaron en las riberas donde les depositó la falta de lo necesario.
Leonelo depositó la miniatura sobre la mesa, apoyó en ella los codos, descansó la frente en las cruzadas manos, y, cerrando los ojos, prestó oído, involuntariamente, al ritmo de su corazón.
Curval le tendió al instante el pico, en el cual la encantadora niña depositó una cagada monstruosa que el presidente se tragó en tres bocados, no sin perder entre las manos de la Fanchón, que lo sacudía, un caudaloso río de semen.
Por último llegó a una ciudad, y como no le conocía nadie, se hizo conducir al palacio del rey, donde el príncipe y su mujer estaban sentados en su trono. El conde puso una rodilla en tierra, sacó de su bolsillo la caja de esmeralda y la depositó a los pies de la reina.
El proponente depositó en garantía en el Banco del Ecuador, la cantidad de dos mil sucres, cobrados oportunamente por el incumplimiento del contrato.
y que ¿jamás pintó en sus cuadros ni cantó en sus versos a otra que a ella, y que muerta ella depositó en el ataúd el manuscrito de sus poemas para que durmiera junto de la que los había inspirado?...
Y depositaron la semilla en un tiesto, trabajando los dos con gran entusiasmo. El niño abrió un hoyo en la tierra con el dedo, la chiquilla depositó en él la semilla, y los dos la cubrieron con tierra.
Luego un chico tuerto, con una lamentable chilaba colgando de sus hombros y un fez rojo, depositó tres vasos de café sobre la mesa, y el primo Guillermo me lo presentó: -Es sabio y virtuoso como el ojo de Alá.
Honorable Congreso de la Unión: En fervorosa demostración cívica que el pueblo de México convirtió en desbordante fiesta nacional, el voto de los ciudadanos depositó en mis manos la bandera de su esperanza.
El hombre algo conmovido al ver la desgracia de la niña, después de despedirse de ella se quedó parado a corta distancia de la casa, pudiendo ver lo que pasaba en su interior. Entonces salió el perro de su escondite y depositó el pan en la falda de Luisa, que le hizo mil caricias.
El sacerdote se levantó para tomar el crucifijo, entonces ella alargó el cuello como alguien que tiene sed, y, pegando sus labios sobre el cuerpo del Hombre Dios, depositó en él con toda su fuerza de moribunda el más grande beso de amor que jamás hubiese dado.
Tomó sus precauciones para que nada echasen de ver sus vecinos; depositó en la bóveda una gran cantidad de perlas y oro, y hizo conjurar el sitio por otro morisco, diestro en el arte diabólica.