Ejemplos ?
Me sometí y me retiré dando a mi fisonomía una expresión de abatimiento desesperado, que demostraba no podía cambiar nada mi inquebrantable constancia.
El sacristán dejó de soplar la brasa del incensario, y los dos clérigos sentados bajo el rayo de sol delante del brasero, se pusieron en pie sonriendo beatíficamente. Yo tuve un momento de vanidad ante aquella acogida que demostraba cuánta era mi nombradía en la Corte de Estella.
Además, me venía a la memoria lo que el padre Serapion me acababa de decir de los artificios del diablo: lo extraño de la aventura, la belleza sobrenatural de Clarimonda, el destello fosforescente de sus ojos, la ardiente huella de su mano, la turbación en que me había hundido, el cambio repentino que se había operado en mí, mi piedad desvanecida en un instante; todo ello demostraba claramente la presencia del diablo, y la mano satinada no era sino el guante con que cubría sus garras.
Y en el silencio sombrío del aire y de las esferas aquella lumbre de hogueras demostraba sin rumor la impotencia del amor, ¡en una raza de fieras!
En los altos de la marcha embarazosa y prolija, varios soldados de cuenta a ver al rey acudían. Y el rey demostraba atento, con delicadeza fina, gusto en que le presentasen los de garbo y nombradía.
Sonrosadas tenía las mejillas y sus labios asemejaban coral. Sólo tenía los ojos cerrados, pero se la oía respirar dulcemente, lo que demostraba que no estaba muerta.
-Estaba al cuidado de los niños en una familia que míster Copperfield visitaba. Y era muy bueno conmigo míster Copperfield: se preocupaba mucho de mí y me demostraba un gran interés.
Volvieron a llamar a esto a la puerta de la calle, e instantáneamente la abrió Teresa, lo cual demostraba que no había dado un paso desde que se marchó la visita; y entonces se oyeron estas exclamaciones de Angustias: -¿Por qué nos aguardabas con el picaporte en la mano?
- Tienes que estarlo afirmó el Gato-, o no habrías venido aqui. Alicia pensó que esto no demostraba nada. Sin embargo, continuó con sus preguntas: - ¿Y cómo sabes que tú estás loco?
FEDÓN.- Mis impresiones de aquel día me parecieron verdaderamente extrañas, porque lejos de sentirme lleno de compasión por la muerte de un amigo, le encontraba digno de envidia al ver su tranquilidad y escuchar sus discursos; la intrepidez que demostraba ante la muerte me persuadía de que no dejaba esta vida sin la ayuda de alguna divinidad que le llevaría a otra para ponerle en posesión de la mayor dicha que los hombres puedan disfrutar.
Su rostro varonil y su arrogante presencia me conmovían profundamente y yo, como una tonta, le demostraba inconscientemente mi debilidad, mis dormidos deseos de sexo, de un sexo diferente al cotidiano de esposa santa...
Siquiera en medio de contradicciones, Para mi alivio a veces te miraba Y tu rostro amoroso demostraba Que en mi no recelabas variaciones; Este solo mirar fue mi contento Y mi tormento Desaparecía Cuando veía Tu rostro afable, Fino, invariable; Mas ya este bien cual humo se deshace, Muere el remedio cuando el mal renace.