Ejemplos ?
Los padres iban los domingos al pueblo a embarcar el pescado para Ica, en grandes cestos de "caña brava", y cuando el tren se marchaba, pasaban por mi casa dejando a mi madre un cestito de huevos de alcatraz. A Roque le conocí en la Escuela y a Nicolás y Delio en San Andrés, cuando íbamos de paseo.
A vosotros, oh ingenios peregrinos, que allá, del Tormes en la verde orilla, destinados de Apolo, honráis la cuna de las hispáneas musas renacientes; a ti, oh dulce Batilo, y a vosotros, sabio Delio y Liseno...
En la derrota de Delio se retiró conmigo, y puedo asegurarte que si todos los demás hubiesen cumplido su deber como él, nuestra ciudad se hubiera sostenido y no hubiera experimentado tan triste desgracia.
Soberano Delio, Titán radiante, prodigio délfico, deidad esmíntea, el suceso es éste: »Yo, aunque indigno, y mis compañeros los del zaguán, somos alumnos vuestros.
Escogía para él la mejor pesca. Delio era triste, como indio que era. Una tarde, a más de los viejos y el perro, vino hasta la orilla, para verlos partir, que todos tres hermanos hacían la pesca en el Margarita, Rosa y aquel día, al dejar la orilla, en el bote breve, Delio comenzó a cantar.
El Delio a él, hacía poco, por su vencida sierpe soberbio, lo había visto, doblando los cuernos para tensar el nervio, 455 y '¿Qué tienes tú, lascivo niño, con las fuertes armas?' había dicho: 'esas son cargas decentes para los hombros nuestros, que darlas certeras a una fiera, dar heridas podemos al enemigo, que al que ora con su calamitoso vientre tantas yugadas hundía, hemos derribado, de innumerables saetas henchido, a Pitón.
Tres celebrados nombres (y con rabia Batilo pronunció su torpe boca, Delio y Liseno) por el ancho mundo va esparciendo la Fama, mi enemiga.
Ayudábale en esta labor el padre, y ellos ponían los remos al bote, mientras el viejo dábales consejos, el pequeño hablaba con la chiquilla y el mar mojaba sus desnudos pies. Los dos muchachos, Rosa y Delio, sin cuidarse del agua, platicaban a media voz: –¿Cuándo regresas?
Mas puesto que atacar de cerca al enemigo 595 no nos es dado, a él desprevenido pierde con una oculta saeta.” Asiente, y al ánimo a la vez de su tío y suyo el Delio cediendo, de una nube velado, a la tropa llega ilíaca, y en medio de esa matanza de hombres a Paris, que ralos disparos por desconocidos aqueos dispersaba, 600 ve, y confesándose un dios: “¿Por qué tus puntas pierdes en la sangre de la plebe?”, dice.
Ya sabes que, por genio o por capricho, vivo en este retiro, Delio amado, al trato de las gentes entredicho. En mi sola existencia confinado, aprendiendo del tiempo las verdades que me enseña el presente del pasado Interrumpe, tal vez, mis soledades uno u otro jurídico negocio que me hace conocer las sociedades.
Al primero gustábale el mar sobremanera, sólo en el bote cantaba y conversaba; Roque placía de todo, con todos cruzaba palabras y a todos hacía bromas; Delio era contemplativo y prefería ver el mar desde la orilla; atento estaba siempre, por el tiempo de cuaresma, de ir a encontrar al padre que hacía las misiones, interrogábale, y escuchaba, encantado, las largas pláticas y las parábolas sencillas del padrecito paliducho.
-¡Qué, es posible -decía arqueando las cejas y dándose palmadas en la frente-, qué, es posible que Apolo, el rubicundo Delio, el claro Cintio, el patáreo numen desea verme, solicita conocerme y tratarme!