Ejemplos ?
Homero dice que Ate es diosa y delicada: «Sus pies, dice, son delicados, porque jamás los posa sobre la tierra, pues marcha pisando la cabeza de los hombres».
Y en esta situación de suyo delicada...
Los Xefes de los Cuerpos Oficialidad y Tropa se portaron con la mayor intrepidez, y mi segundo el Coronel Alcázar me auxilió infinito particularmente durante la delicada maniobra de mudar de posición baxo el fuego del enemigo.
Con él aunque se ha casado en verdísima flor una chica, y chica que un ternecillo cabrito más delicada, de guardar ella más diligentemente que las negrísimas uvas, divertirse a ella la deja como quiere, y ni un pelo solo le importa y no se subleva por su parte, sino que como un aliso en su fosa yace desjarretado por la liguria segur, justo tanto todo sintiendo como si ninguna tuviera por ningún lugar.
Y como jamás toca con el pie ni con ninguna otra parte de su cuerpo más que la parte más delicada de los seres más delicados, es preciso que por fuerza sea de una extremada delicadeza.
Y Doña Margarita los besó, para ocultar que se reía: Después les dijo, tendida hacia mí su mano delicada y alba: —Este caballero es el Marqués de Bradomín.
Conservar la estabilidad monetaria, dentro de nuestra tradicional libertad de cambios, expansionando al mismo tiempo la actividad económica, requiere una delicada política financiera que, sin separarse del equilibrio presupuestal y manteniendo un circulante monetario acorde con la producción de bienes y servicios y su intercambio, ensanche el crédito destinado a la producción y reduzca el que va a la especulación.
Al enterarse, por conversaciones de sacristía, del peligro que los de su profesión corrían con Pepona, el curita sonrió y dijo suavemente, con cierta ironía delicada: -¿A qué ponderan?
Y enmudeció la Golondrina y se contrajo su bello semblante, aquel semblante suyo en el que Dios había puesto ojos grandes y negros y relampagueantes, y mejillas de delicada curvatura, en las que al hablar marcábanse dos tentadores hoyuelos; boca, si algo rasgada, de labios gruesos y encendidos, de dentadura de marfil, y tez, si morena, tan suave y reluciente como el raso.
-Mi prometido está dispuesto a romper el compromiso -añadió la más joven, que tenía por novio a un martinete, una especie de máquina para clavar estacas en el suelo, o sea, que hace en forma tosca lo que la pisona en forma delicada-.
Florecía el árbol, y florecía también el hijo del portero; habríais dicho un tulipán recién abierto. La hijita del general crecía delicada y paliducha, con el color rosado de la flor de acacia.
—Naturalmente que me acuerdo... — exclamé, oprimiendo la delicada mano que ofrecía aquellos anteojos para mi examen. Eran una complicada joya, afiligranada y cuajada de piedras preciosas, que, aún bajo la escasa luz de la estancia, noté que debía ser de mucho valor.