Ejemplos ?
querida Luisa. Hablabas con tal entusiasmo que no dejabas lugar para colocar una frase. -¡Nada, y estás pálido y con un aire que huele a tragedia de una legua!
Comprendí que no habías de saciarme de la sed de ideal que en mí brotó; pero tu amor quería recordarme que don Diego Velázquez te pintó y que el lienzo dejabas para amarme.
Me recordabas cariñosa la hora, y dabas, arrancando dulcemente a mi mano la pluma veladora, un fresco beso a mi abrasada frente; y me arrastraba tu amoroso empeño al lecho, y en la orilla te sentabas, y sólo en brazos de tranquilo sueño, partiendo silenciosa, me dejabas.
No me dejabas combatir con los bienaventurados dioses; pero si Afrodita, hija de Zeus, se presentara en la pelea, debía herirla con el agudo bronce.