decenviro

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decenviro

(Del lat. decemvir < decem, diez + vir, varón.)
1. s. m. HISTORIA Miembro de una comisión de diez personas nombrada legalmente, en especial cada uno de los diez magistrados que, durante la república romana, se encargaban de intervenir en los procesos referentes a la libertad.
2. HISTORIA, MILITAR Suboficial que tenía bajo su mando a diez soldados.
NOTA: También se escribe: decenvir

decenviro

 
m. hist. En la Roma ant., cada uno de los miembros de una comisión de diez personas nombrada legalmente.
Traducciones

decenviro

decemviro
Ejemplos ?
Por segunda vez (en el año 301º de la fundación de Roma) cambió la forma de gobierno; la autoridad suprema fue transferida de los cónsules a los decenviros, igual que antes pasó de los reyes a los cónsules -451 a.C.-.
Al principio, los decenviros habían buscado la popularidad ante la plebe compareciendo rodeados de ex-tribunos, pero ahora iban acompañados por una escolta de jóvenes patricios que se jactaban ante los tribunales, maltrataban a los plebeyos y saqueaban sus bienes; y siendo los más fuertes, alcanzaron a obtener todo aquello de lo que se encaprichaban.
Corrompida por tales sobornos, los jóvenes nobles no sólo se negaban a oponerse a la ilegalidad de los decenviros, sino que preferían abiertamente su propia libertad a la libertad pública.
El quince de mayo llegó, el periodo de la magistratura de los decenviros expiró, pero no se nombraron nuevos magistrados. Aunque ahora eran sólo ciudadanos particulares, los decenviros se mostraron tan determinados como siempre para hacer valer su autoridad y conservar todos los emblemas del poder.
Los decenviros, odiados por igual por el Senado y por la plebe, se quedaron sin apoyo alguno, y mientras celebraban consultas para adoptar las medidas necesarias, la Fortuna añadió un nuevo motivo de alarma.
Cuando la voz del pregonero se escuchó en el Foro, convocando a los patricios a la Curia para encontrarse con los decenviros, esta novedad tras tan largo tiempo de suspensión del Senado, llenó de asombro a los plebeyos.
Debemos estar agradecidos al enemigo que nos amenaza con la guerra, pues ha provocado algo que es propio de un Estado libre." Buscaban por el Foro algún senador, pero no reconocieron casi a ninguno; luego vieron la Curia y la soledad alrededor de los decenviros.
No hay, sin embargo, que degollarlos para disminuirlo, como decían nuestros modernos decenviros: sólo se trata de no permitirle los medios de extenderse más allá de los límites que su felicidad le prescribe.
Porque no sólo no había ya protección para el pueblo, ahora que el derecho de apelar se había eliminado, sino que los decenviros habían acordado entre ellos no interferir en las sentencias de los otros; mientras que los anteriores habían permitido que sus decisiones judiciales pudieran ser revisadas en apelación por otro colega, y determinados asuntos, al ser considerados jurisdicción del pueblo, le habían sido remitidos a éste.
Volvieron diciendo que el Senado estaba en el campo. Esto fue menos desagradable para los decenviros que si hubieran estado en la Ciudad y hubiesen rechazado reconocer su autoridad.
Queda memoria de que después que Apio Claudio presentase la cuestión de la guerra, y antes de que empezase la discusión formal, Lucio Valerio Potitio hizo un inciso para pedir que se le permitiese hablar de la situación política, pero al negárselo los decenviros en tono amenazante declaró que se presentaría ante el pueblo.
Marco Horacio Barbato se opuso abiertamente, llamando a los decenviros "diez Tarquinios" y recordándoles que fue bajo la guía de los Valerios y de los Horacios cuando se expulsó de Roma a la monarquía.