de vez en cuando

Traducciones

de vez en cuando

occasionally

de vez en cuando

ab und zu, bisweilen, mitunter, gelegentlich

de vez en cuando

příležitostně

de vez en cuando

lejlighedsvis

de vez en cuando

περιστασιακά

de vez en cuando

silloin tällöin

de vez en cuando

occasionnellement

de vez en cuando

povremeno

de vez en cuando

時折

de vez en cuando

때때로

de vez en cuando

af en toe

de vez en cuando

nå og da

de vez en cuando

od czasu do czasu

de vez en cuando

de vez em quando

de vez en cuando

случайно

de vez en cuando

ibland

de vez en cuando

บางครั้งบางคราว

de vez en cuando

arada sırada

de vez en cuando

đôi khi

de vez en cuando

偶尔
Ejemplos ?
a educación es algo admirable. Pero es bueno recordar de vez en cuando que nada que valga la pena ser aprendido puede ser enseñado.
Y no hablamos del terror de la hija, porque, ya lo neutralizase la curiosidad, ya no tuviese acceso en su alma, más varonil que femenina, era el caso que la gentil doncella, desoyendo consejos y órdenes de la madre y lamentos o aullidos de la criada, ambas escondidas en los aposentos interiores, se escurría de vez en cuando a las habitaciones que daban a la calle, y hasta abría las maderas de alguna reja, para formar exacto juicio del ser y estado de la lucha.
uince días después del entierro de doña Teresa Carrillo de Albornoz, a eso de las once de una espléndida mañana del mes de las flores, víspera o antevíspera de San Isidro, nuestro amigo el Capitán Veneno se paseaba muy de prisa por la sala principal de la casa mortuoria, apoyado en dos hermosas y desiguales muletas de ébano y plata, regalo del Marqués de los Tomillares; y, aunque el mimado convaleciente estaba allí solo, y no había nadie ni en el gabinete ni en la alcoba, hablaba de vez en cuando a media voz, con la rabia y el desabrimiento de costumbre.
Se colocó a la cabeza, el sable de madera siempre en la mano, y dirigió la marcha, adaptando su andar al de ellos, solemne, volviéndose de vez en cuando para verificar si sus fuerzas no quedaban atrás.
La vida desbordábase en aquellos lugares; gritaban, reían, chusqueábanse todos al unísono, en medio de aquel ambiente caldeado y bajo un cielo de abrasadora brillantez; los hombres más graves, panzones y sesudos, buscaban las posturas más cómodas a la sombra de los caprichosos edificios; la gente moza discurría por doquier en animado bulle bulle; de vez en cuando algunos jabegotes, de desnuda y hercúlea pantorrilla y pie extraño siempre a toda clase de cautiverio, porteaban a tal o cual saladero, ora un jaquetón de acerado matiz y de enormes dimensiones, ora alguna brótola o pescada capaz de hacerle la boca agua al menos gastrónomo de todos los nacidos.
En seguida se acostará usted también, dejándome en poder de esta insoportable gallega, que me dará de vez en cuando agua con azúcar, único socorro que necesitaré hasta que venga mi primo Alvaro.
La luna plateaba el paisaje hermosamente bravío; mansa brisa hacia ondular las ramas de los nogales y quejigos; de vez en cuando cruzaba el espacio con vuelo blando y silencioso alguna que otra ave agorera proyectando en las riscosas faldas su fantástica silueta fugitiva; el silencio de la noche era turbado únicamente por el sonoro latir de los mastines, que velaban en los blancos caseríos y por el lento caminar de los contrabandistas que, jinetes en caballos enjutos y voladores, precedían y escoltaban las poderosas acémilas por las más ocultas veredas.
Los tonos del crepúsculo pintaban los celajes de incopiables irisaciones, de opalinas transparencias; tras las enhiestas cumbres habíase hundido el sol dejando a su paso los últimos vaporosos pliegues de oro de su esplendorosa clámide; el valle adormecíase al conjuro de las primeras vaguedades precursoras de la noche; empezaban a esfumarse los contornos de los caseríos y de la arboleda; de vez en cuando turbaba el silencio la voz de alguno de los campesinos, que hablaba a distancia, o el rumoroso tintineo de las esquilas del ganado conducido a los apriscos por los pastores; algo dulce y sedante iba adueñándose del panorama, y allá en lo más hondo de etéreos abismos iban apareciendo los luceros y las estrellas, que parecían parpadear rutilantes y misteriosos.
Arropada en recio mantón de lana, y oculta la rica cabellera por un pañuelo de seda celeste, de vez en cuando sus manos de color de jazmines marchitos, crispábanse al estrechar el mantón, arrebujándose en él al conjuro del escalofrío.
La señora Micaela, procurando enmascarar su profundo desaliento, mirábala a hurtadillas, dejando asomar a sus ojos, de vez en cuando, un chispazo de la terrible pena que envolvía su pensamiento en siniestras negruras ante aquel tremendo avance de la enfermedad, que en tan pocos días habíase adueñado de la muchacha.
Desde el instante en que vine al mundo, todo ha sido estregarme, ponerme al fuego y sacarme de él; yo estoy por lo práctico, y, modestia aparte, soy el número uno en la casa, Mi único placer consiste, terminado el servicio de mesa, en estarme en mi sitio, limpio y bruñido, conversando sesudamente con mis compañeros; pero si exceptúo el balde, que de vez en cuando baja al patio, puede decirse que vivimos completamente retirados.
Una sola poesía tiene carácter jocoso; hay en ella algunos pensamientos alegres, de esos que de vez en cuando se le ocurren a uno; pensamientos sobre -no se ría usted- la condición de una poetisa.