Ejemplos ?
Los hijos, mirando de soslayo hacia sus padres, parecían hacerles graves cargos por haberlos arrojado al mundo en una época tan calamitosa.
Otros se encaraman para secarse al sol, que los ilumina de soslayo, gráciles y desnudos, como figuras de un friso del Parthenón.
EL DUENDECILLO VEHEMENTE Estaba Dios conversando, con hadas y duendecillo; y con ellos comentando, acerca del paraíso. Un duende muy atrevido, de soslayo le irrumpió; y, le dijo muy contento, que al "Valle del Paraíso" bajó.
Embiste, pues; el jinete tuerce el bridón, de soslayo pasa el toro, el otro paje con la capa hace un engaño, y lo revuelve, y de nuevo lo para.
En el terreno de los hechos no sucedía más sino que cada vez que se encontraban los dos héroes, fruncían el ceño, chispeaban sus ojos, se les hinchaban las narices, tosían, mirábanse de soslayo, y...
Yo creo que él lo sabe; pero finge no verlo, y gesticula de un modo terrorífico mientras raya el cuaderno; después nos mira de soslayo, y todos nos inclinamos temblorosos sobre los libros; pero al momento volvemos a fijar los ojos en él.
-¿Entonces será por casualidad de una mujer? Me lanzó una mirada de soslayo con sus siniestros ojos encarnados y se echó a reír. -Verdaderamente, señorito Copperfield --dijo-, usted...
Su mano atezada y enjuta, que hacía recordar la garra del milano, tiraba los naipes lentamente. El mozo permanecía silencioso y sombrío, miraba al viejo de soslayo, y jugaba siempre las cartas que jugaba yo.
Declaradlo con franqueza, Que aunque siempre estoy a punto De empezar una quimera, Cuando me señalan plazo, Ninguno me mete priesa. Miróle el juez de soslayo, Y por bajo de las cejas Chispeándole los ojos, Tomó a espacio la escalera.
Miradas de soslayo todo el día, cuchicheos incesantes, que cesan de golpe en cuanto oyen mis pasos, un crispante espionaje de mi expresión cuando estamos en la mesa, todo esto se va haciendo intolerable.
El hombre lo mira de soslayo y luego concluye, con una voz que parecía adherirse al sentido, blanda y pegajosa como el lodo de los tremedales de la llanura: —Pues entonces no he dicho nada, patrón.
Pero Santos Luzardo, sin más prenda y sin advertir la significativa guiñada del bonguero, le permitió embarcarse. Ahora le observa de soslayo y se pregunta mentalmente: "¿Qué se propondrá este individuo?