Ejemplos ?
Penetró éste en el despacho de Su Excelencia, dando dos pasos adelante y uno atrás, que era como andaba en las circunstancias graves, y poniéndose de rodillas exclamó: - ¡Viva María Santísima y viva su merced, que es el amo de toitico el mundo!
Yo me levanté desencajado, me puse de rodillas, y exclamé en todos los tonos de voz que pude inventar: - ¡Bendita sea tu alma, rey de los hombres!...
A todo esto, el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas, las manos y los ojos puestos en el cielo, transportado en la divina esencia, que el planto y ruido y voces que en la iglesia había no eran parte para apartalle de su divina contemplación.
La anciana entró en su casa temblando y dio gracias a Dios de rodillas porque había hecho por ella mucho más de lo que podía desear ni comprender.
Se quedó en la iglesia y como veía a los fieles adorar de rodillas a una imagen del niño Jesús, creyó que aquel era Dios y dijo a la imagen: -¡Qué delgado estás, Dios mío!
Vamos todos a suplicalle.” Y así bajó del púlpito y encomendó a que muy devotamente suplicasen a Nuestro Señor tuviese por bien de perdonar a aquel pecador, y volverle en su salud y sano juicio, y lanzar dél el demonio, si Su Majestad había permitido que por su gran pecado en él entrase. Todos se hincaron de rodillas, y delante del altar con los clérigos comenzaban a cantar con voz baja una letanía.
¡Por desgracia, era demasiado tarde para pensar en ello! Siguió creciendo, y creciendo, y muy pronto tuvo que ponerse de rodillas en el suelo.
citados de la Sabiduría: El Rey se hace llamar el amo, y exije que se le hable de rodillas, como si los hombres fueran animales envilecidos de otra especie.
Luego que le venció fustigándole con sus golpes, cayó aquél de rodillas y gimió la monstruosa tierra, Fulminado el dios, una violenta llamarada surgió de él cuando cayó entre los oscuros e inaccesibles barrancos de la montaña.
¡Deje usted descansar un momento a la que tanto ha padecido! -¡Mi madre ha muerto! -exclamó Angustias, cayendo de rodillas junto al sillón del Capitán. -¡Pobre hija mía!
en aquel mismo instante sonó un tiro muy próximo; y como la pobre viuda, que también se había acercado a la ventana, viera a su hija detenerse y tentarse la ropa, lanzó un grito desgarrador, y cayó de rodillas, casi privada de sentido.
Manda por opio a la Coruña.... Y cayó de rodillas. Sólo entonces comprendieron los vecinos del Padrón que el boticario estaba también envenenado.