Ejemplos ?
Arropada en recio mantón de lana, y oculta la rica cabellera por un pañuelo de seda celeste, de vez en cuando sus manos de color de jazmines marchitos, crispábanse al estrechar el mantón, arrebujándose en él al conjuro del escalofrío.
Su rostro se encontraba pintado con rayas transversales de color amarillo y en la cabeza lucía un penacho de plumaje riquísimo y todo su cuerpo cubierto de plumas de colibrí azul, mas a pesar de su perfección, había algo extraño: su pierna izquierda parecía mas delgada que la otra, como si fuera de pájaro.
Arrancóle la pistola, que arrojó al seto, y después le echó al cuello las recias y toscas manos, y apretó, apretó, apretó... El pinar, el cielo, el aire, cambiaron de color para el pobre abad.
Entonces vi uno que se encontraba ubicado en un escritorio de color ocre y fascinado comencé a leer su título… Historias de la brujita Brujilda y los bravucones libreros Eran crónicas de brujerías en broma, escritas en acertijos por una brujita escritora.
Señor Presidente: frente a estos interrogantes descarnados y que – lo preveo – se dirá exentos de calor y de color americanista que me propongo; ante estas preguntas primordiales que por lo mismo son las que corresponde que en el caso se formule y resuelva el legislador oriental antes de disponerse a comprometer para el presente y el futuro un patrimonio moral y material que no es suyo propio; nosotros, los Senadores del Partido Nacional, llegamos a las conclusiones que en lo principal voy a puntualizar abreviadamente.
¿Qúién le dice a usted que no encontraré yo con el tiempo un hombre de mi gusto, que no tenga horror al matrimonio? -¡Angustias! ¡Doblemos esa hoja! -gritó el Capitán, poniéndose de color de azufre. -¿Por qué doblarla? -¡Doblémosla, digo!...
Pero de todos modos una hora después lanzaban a un coche descubierto sus flamantes personas, calzados de botas, poncho al hombro -y revólver 44 al cinto, desde luego-, repleta la ropa de cigarrillos que deshacían torpemente entre los dientes- y dejando caer de cada bolsillo la punta de un pañuelo de color.
-¿Que pa qué vas tú a dir a los toros? Toma, pos a lo que vamos tos: a jecharle un remiendo de color de rosa a la pícara vía. -Muchas gracias, pero yo no tengo gaitas de meterme en esas faenas de costura.
Una entre sonrisa y mohín estereotipado en sus labios finos y pálidos hablaba con muda elocuencia del recóndito, silencioso y constante malestar, y sus movimientos estaban llenos de languideces; la falda de color de rosa que vestía, como la chaquetilla del mismo color, que ocultaba del todo casi amplio pañuelo blanco de Canilla, dejaba adivinar lo descarnado de su cuerpo de armónicas elegantes proporciones.
¡Oh, y qué aroma exhalaban sus habitaciones, y qué claras y hermosas eran las paredes! No eran otra cosa sino los pétalos de la flor, de color rosa pálido.
Flores del tamaño de girasoles, rojas y azules, adornaban las paredes; pero nadie podía cogerlas, pues sus tallos eran horribles serpientes venenosas, y las corolas, fuego puro que les salía de las fauces. Todo el techo se hallaba cubierto de luminosas luciérnagas y murciélagos de color azul celeste, que agitaban las delgadas alas.
La noche era magnífica, y la atmósfera, quieta y diáfana; brillaban las estrellas en un cielo de luna nueva; ésta se veía como una bola de color grisazulado ribeteada de oro.