Ejemplos ?
¿qué esperé, si es tal el competidor? PRINCIPE. ¿Cómo, Julia, no me dais el parabién del favor? JULIA. Por no impediros, señor, cuando de Anarda gozáis.
Deja a la tropa toda dividida y las hace de algún señor vasalla. Para el siguiente canto, señor, dejo, si dais permiso, el paso y aparejo.
Bien sé que apasionáis los corazones, Porque dais más pasiones Que tienen diez Cuaresmas con la cara, Que Amor hiere con vos como con jara; Que si va por lo flaco, tenéis voto De que sois más sutil que lo fue Scoto.
Una vez que el viejo creyó haber sido contemplado lo suficiente por el joven Dais, le dijo: -Siéntate, hijo de Faraj, y escucha atentamente mi historia.
Si ahondáis más en la expresión en dinero del valor, o lo que es lo mismo, en la conversión del valor en precio, veréis que se trata de un proceso por medio del cual dais a los valores de todas las mercancías una forma independiente y homogénea, o mediante el cual los expresáis como cantidades de igual trabajo social.
¿De una mujer que se pasea semidesnuda entre los hombres, mostrándoles sus piernas y su rostro y bebiendo como una mula, no agua, sino licores? Dais el Bint Abdalla permanecía silencioso, como cuadra a un buen hijo.
Entonces era posible atravesar aquel piélago, porque tenía una tierra insular delante de la boca que vosotros nombráis, según dais a conocer, Columnas de Hércules; la tierra insular que era más grandiosa en poder que la Libia y el Asia (Menor), y desde la que se asciende hacia otras tierras insulares, que los de entonces podían pasar, y también desde estas tierras insulares hacia toda esta tierra firme de enfrente que rodea a ese mar verdadero.
Pues advertid que son más los que se van allá que los que traemos, que no de todo hacemos caso. Dais al diablo un mal trapillo y no le toma el diablo, porque hay algún mal trapillo que no le tomará el diablo; dais al diablo un italiano y no le toma el diablo, porque hay italiano que tomará al diablo.
El joven Dais retrocedió espantado cuando el viejo Halid Majid terminó de desnudarse, y abriendo una ventana se mostró a la claridad del sol.
Enriqueta Dogson era consecuente con este punto de vista. Se podían ver fotografías de ella en compañía de Dais el Bint Abdalla. En la orilla del Mediterráneo, sobre las murallas, recostada a lo largo de los antiguos cañones portugueses, con Dais el Bint Abdalla sentado melancólicamente a su lado.
También quisiera —mínimo tributo que me permito ofrendar al aristocrático y raro senado que me acoge— ser la excepción a la triste regla de los desmerecimientos y las ingratitudes, confesando, tan paladina como abiertamente, mi pasmo ante lo que, apoyados en vuestra propia y descomunal largueza, hoy me dais.
na misma historia puede comenzarse a narrar de diferentes modos, y la historia de Enriqueta Dogson y de Dais el Bint Abdalla no cabe sino narrarse de éste: Enriqueta Dogson era una chiflada.