dómine

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dómine

(Del vocativo lat. domine < dominus, señor.)
1. s. m. ENSEÑANZA coloquial Persona que enseñaba latín.
2. despectivo Persona que, sin mérito para ello, adopta el tono de maestro.

dómine

 
m. fam.Maestro de gramática latina.
desp.Persona que, sin mérito para ello, adopta el tono de maestro.
Maestro que emplea métodos anticuados.
Traducciones

dómine

pastor

dómine

pasteur

dómine

parroco

dómine

SM (Hist) → schoolmaster
Ejemplos ?
Con ocasión de un viaje al Parnaso, el autor traba contacto con diversos personajes, escritores famosos los más, y recorren casi todo el campo de nuestra literatura emitiendo juicios sobre los clásicos y repetidas ironías contra los modernos, defiende con pasión las glorias pasadas y la emprende implacablemente contra los corruptores de la lengua, a la que estima ya en trance de muerte entre desatinados galicistas y dómines pedantes, que continúan sirviéndose de un bárbaro latín.
Tienen un aspecto parecido a la medusa, término que piensan que es una forma despectiva para referirse a ellos. Muchos adoran a los proteanos, a los que llaman "dómines", debido a algunas ruinas proteanas encontradas en su mundo de origen.
También procuró huir de los violentos métodos de los dómines de palmeta:: Han de cuidar principalmente los maestros de hacer el estudio agradable, disponer de una crianza ajena a la opresión y terror; no se han de abatir los ánimos con la violencia del castigo; antes bien, se deben levantar con el halago y el premio, mostrándoles el camino del honor, de la conciencia y del propio bien.
Vida y obra, Madrid 1993 ISBN 84-604-8380-0 Marino GÓMEZ SANTOS, Cinco grandes de la Ciencia española, Madrid 1968 ISBN 978-84-7030-127-8 Horacio OLIVA ALDÁMIZ, Maestros y Dómines, Madrid 1997 ISBN 84-88823-06-1
Alcanzó el título de bachiller y ya en 1543 vivía en la ciudad de Cádiz, porque se conservan documentos que atestiguan sus dificultades económicas (préstamos que no alcanzaba a devolver, embargos), algo habitual entre los maestros de latinidad o "dómines" de su época, aunque ha subsistido tan poca información que es imposible saber si nació allí, como es posible; en todo caso estaba casado con Leonor Ruiz Machorra, que sí parece haber sido gaditana, y vivió como profesor de latín en dicha ciudad, publicando algunas traducciones dedicadas a todos los nobles importantes del entorno y dejando otras inéditas.
Muchos han expresado opiniones con respecto a su aporte artístico y a su identidad como hombre y como artista, sin embargo Jorge Debravo (nuestro gran poeta turrialbeño) diría: "...Creo que la obra de Gallardo se está ganando su porción de eternidad y que sabrá conservarla por sí misma, sin necesidad de dómines y cirineos.
Los dómines que acompañan a esta costumbre son cuartetas de rima asonante, picantes, irreverentes y en su mayoría anticlericales, genuinas de Miguelturra y conocidas por toda la geografía española por el eco que han tenido en muchos grupos folclóricos.
El muñeco, llamado "Judas", es paseado atado a una silla por todo el pueblo y se lo bendice burlonamente en las esquinas con una brocha de enjalbegar cargada de agua, manteándoselo de trecho en trecho con gran jolgorio y alboroto, pero procurando protegerlo de los muchachos que pretenden destrozarlo antes de hacerle justicia, entre cantos de "dómines" y tragos de vino.
No enviaríamos pedagogos por los campos, sino conversadores. Dómines no enviaríamos, sino gente instruida que fuera respondiendo a las dudas que los ignorantes les presentasen o las preguntas que tuviesen preparadas para cuando vinieran, y observando dónde se cometían errores de cultivo o se desconocían riquezas explotables, para que revelasen estas y demostraran aquellos, con el remedio al pie de la demostración.
No se debe permitir que el Estado, cuyo único objeto es reprimir la violencia y hacer cumplir los contratos, se meta a criar una casta especial de dómines y los imponga al pueblo.
El supradicho don Bonifacio esgrimía la despótica palmeta en una escuela de la feligresía de San Sebastián, situada en la casa no sabemos por qué motivo llamada de la Campaña, y era tenido generalmente por el Nerón de los dómines.
Para el que aspira a volver a la Naturaleza, a la realidad de que le ha separado el sucio charco de tinta, el almacén de signos muertos que los dómines amontonan; para el que busca las fuentes fecundas del mundo y de su propia conciencia, lo urgente es raspar la tiña contagiada en los bancos de escuela, olvidar los libracos elementales, pedantes y embusteros como ellos solos, enderezar la razón enviciada, sometida a una docilidad ignominiosa, cauterizar las llagas de pereza y deshonestidad intelectual adquiridas en clase, galvanizar la médula yerta y erguir el espinazo, resucitar la admiración y la curiosidad aletargadas al canturreo de las lecciones.