cutre

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cutre

1. adj. coloquial Que es sórdido y sucio o de mal gusto no sé cómo te gusta entrar en estos locales tan cutres. miserable, sórdido
2. Que es miserable y tacaño. agarrado, avaro, rata, roñoso
3. adj./ s. m. y f. Se aplica a la persona o a la manera de decir y hacer las cosas que resulta poco elegante o impropia. putifa

cutre

 
adj. Que es pobre o barato.
Que tiene un mal aspecto exterior.
Sinónimos

cutre

adjetivo y sustantivo
Traducciones

cutre

karg

cutre

idiot

cutre

ADJ
1. [persona] (= tacaño) → mean, stingy; (= vulgar) → vulgar, coarse
2. [lugar] → squalid, shabby
un sitio cutrea dive, a hole
3. [objeto] → tacky
Ejemplos ?
Pues explíquelo quien pueda: un día en que oí arrastrar por el lodo del desprecio a las Cutres, sin darme cuenta del porqué, me puse a defenderlas, y, sostuve, ante el escandalizado auditorio, que sin duda una avaricia tan exaltada e incomprensible, ejercida en igual grado por tres mujeres, debía de tener alguna razón oculta, obedecer a un secreto de la vida, de esos que no se pueden explicar a la multitud, y que justifican los hechos ante la conciencia.
«Mujer, desecha ese vestido, o regálaselo a las Cutres», decían los maridos a sus esposas, cuando prolongaban con exceso la vida de un trapo.
Y si no, ¿dónde estaban los verdaderos padres de aquel gentil muchacho? No era posible averiguarlo, ni entre la parentela de las Cutres no se conocía a nadie que lo pudiese ser.
La fortuna reunida por las Cutres le proporcionó pronto una esposa bella y buena, de las mejores señoritas del pueblo, que no hizo reparo en el nacimiento del novio.
Las Cutres, por donación, le aseguraron casi toda su hacienda, pues la familia de la novia únicamente consintió en la boda a este precio.
«Este sofá ya hay que mandárselo a las Cutres para su salón...». «Eres más cicatero que las Cutres...». En el mercado -el pueblo detesta la avaricia-, las vendedoras escupían al nombrar a las Cutres.
Y fue un golpe de efecto, que asentó mi crédito, el ver llegar, a los pocos días, muebles de cierta elegancia para casa de las Cutres; el ver que se hicieron en ella obras de reparación y comodidad, y el ver, ¡oh maravilla!, que las Cutres mismas salían a la calle con decoroso atavío, sabiéndose que habían tomado una doncella y una cocinera.
La luz de piedad que había penetrado en mi corazón lo iluminó y lo guió en el obscuro sendero de aquella historia. ¡Las Cutres habían salvado, a costa de la propia, la honra de su madre!
No; la fealdad de las Cutres era algo inefable, porque consistía no sólo en las líneas, sino en la expresión -en la expresión principalmente-.
Las Cutres no eran ricas cuando perdieron a su madre, por cierto una de las mujeres más hermosas de la provincia, muy pretendida después de viuda y muy aficionada a trapos y moños; algo casquivana, en resumen.
Todo lo que podía producir dinero, vendíase. Y en el pueblo les pusieron el apodo de las Cutres. En breve, nadie las conocía sino por ese remoquete ignominioso.
Un día, en que llamaron a un carpintero por inevitable precisión, éste puso la cuenta de su trabajo encabezando así: «A Salvador Fene, deben las señoritas de Cutres...».