cupido

cupido

(De Cupido, dios mitológico del amor.)
1. s. m. MITOLOGÍA Representación del dios del amor con figura de niño con los ojos vendados, alas y un arco y unas flechas. amorcillo
2. Hombre enamoradizo y galanteador.

cupido

  (de Cupido)
m. Hombre enamoradizo y galanteador.

Cupido

 
mit. Dios del amor entre los romanos, hijo de Venus. Es el Eros griego.

cupido

(ku'piðo)
sustantivo masculino
representación del dios del amor Puso un cupido en el centro de la fuente.
Traducciones

cupido

Cupidon

Cupido

SMCupid
Ejemplos ?
Los cuales luengos y felices años vivieron en compañía de sus esposas, dejando de sí ilustre generación y decendencia, que hasta hoy dura en estos dos lugares, que son de los mejores de la Andalucía, y si no se nombran es por guardar el decoro a las dos doncellas, a quien quizá las lenguas maldicientes, o neciamente escrupulosas, les harán cargo de la ligereza de sus deseos y del súbito mudar de trajes; a los cuales ruego que no se arrojen a vituperar semejantes libertades, hasta que miren en sí, si alguna vez han sido tocados destas que llaman flechas de Cupido; que en efeto es una fuerza, si así se puede llamar, incontrastable, que hace el apetito a la razón.
Pero en cambio nos han dado artículos de luengas tierras, que no puede nadie desmentir, en que a nadie puede ofender la verdad o la mentira: las barbas de Abbas Mirza, que nunca veremos probablemente por acá; el humo y las cigüeñas de la corte; la conversación de un marido con su mujer; la disección de la cabeza de un petimetre y el corazón de una coqueta; el perrito Cupido; los paraguas; artículos del doctor Berenjena, etc., etc., etc.
Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido —ya conocéis mi torpe aliño indumentario—; mas recibí la flecha que me asignó Cupido y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.
Ved cuál la abandonaron los amores y a Lícoris festivos rodeando de guirnaldas la ciñen de mil flores. El sangriento Cupido está aguzando la inevitable flecha, y falsa risa va por sus labios pérfidos vagando.
Las dos eran muy desdichadas en sus matrimonios, pues la primera se había casado con un gentilhombre tan hermoso como Cupido, pero que no pensaba sino en su propia figura, a la que dedicaba todos sus desvelos de la mañana a la noche, menospreciando la belleza de su esposa.
Pero fue el caso que con la nueva posición brotaron ciertos humillos en nuestros ex mercachifles; cambiaron de traje y método de vida y, digámoslo de una vez, hasta Cupido, para cuyas flechas el gringo y el montañés habían tenido sobre el pericardio del corazón doce pulgadas de blindaje, se adueñó de ellos.
Luciente paga de la mejor fruta Que en yerbas se recline, en hilos penda, Colmillo fue del animal que el Ganges Sufrir muros le vio, romper falanges: "Arco, digo, gentil, bruñida aljaba, Obras ambas de artífice prolijo, Y de Malaco rey a deidad Java Alto don, según ya mi huésped dijo, De aquél la mano, de ésta el hombro agrava; Convencida la madre, imita al hijo: Serás a un tiempo, en estos horizontes, Venus del mar, Cupido de los montes".
Frisaba ya Pérez en los cuarenta cuando Zoilita Vejar, que era, como dijo el conde de Villamediana, una de tantas santas del calendario de Cupido, consiguió hacerlo pagar derechos en la aduana parroquial por ante su merced el padre cura.
Era Acis un venablo de Cupido, De un Fauno -medio hombre, medio fiera-, En Simetis, hermosa Ninfa, habido; Gloria del mar, honor de su ribera.
No a las palomas concedió Cupido Juntar de sus dos picos los rubíes Cuando al clavel el joven atrevido Las dos hojas le chupa carmesíes.
760 El lazo de ambos cuellos entre un lascivo enjambre iba de amores Himeneo añudando, mientras invocan su deidad la alterna de zagalejas cándidas voz tierna 765 y de garzones este acento blando: CORO I «Ven, Himeneo, ven donde te espera, con ojos y sin alas, un Cupido cuyo cabello intonso dulcemente niega el vello que el vulto ha colorido: 770 el vello, flores de su primavera, y rayos el cabello de su frente.
Apolo, dios de los augurios, te rogamos que nos asistas, velando tus hombros en candida nube; o si te place más, llega tú, sonriente Venus, en cuyo torno revolotean los Juegos y Cupido; o tú, si miras aún con ojos propicios la suerte del pueblo menospreciado y sus descendientes, padre de Ia ciudad, a quien entusiasma el clamoreo bélico, los cascos relucientes y el aspecto feroz del mauritano frente a su enemigo cubierto de sangre; poned pronto término a nuestras discordias.