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Ejemplos ?
13 Amor que me dijiste tuyo y sin embargo ajeno, me robaste el final del cuento de hadas y no encontré la dueña nunca de zapatillas vagas.
Sé que mi experiencia juvenil contaba entonces muy poco o nada, y que la vida me parecía un largo cuento de hadas que iba a empezar a leer, y nada más.
Todas se construyen de acuerdo a un mismo patrón lógico. (Como los dos jóvenes del cuento de hadas, sus dos caballos y sus flores .
Sus religiones son un chisme para el miedo diario. Sus voluntades, un cuento de hadas bien tejido. Y su creatividad a plazos, perfecto control para el mercado.
En un pueblo muy hermoso igual que el de un cuento de hadas; las mujeres asustadas y los hombres temerosos, pues la gente murmuraba que en las noches de congoja la luna era siempre roja y horribles lobos aullaban.
que un poema no mata ni una mosca, sólo al poeta, aunque rabien en su orgullo de pedantes y enfurezcan -exhibicionistas- cualesquiera guerrilleros de las letras. Tampoco romperé con el final de todo cuento de hadas truculentas, porque al final de cuentas: ...
El céfiro viene, semejante al atrevido Príncipe del cuento de hadas, y atraviesa por la esquiva floresta, y penetra en el silencioso palacio, y llega hasta el lecho de la encantada y dormida Princesa, y le da un beso de amor.
El resultado fue que, al cabo de unos veinte años, Juan, en su tierra humilde pastor a sueldo de cincuenta ovejas, era dueño de dos millones de ovejunos que pacían en múltiples campos de su propiedad, diseminados en las fértiles pampas de la República Argentina, rebaño enorme que ni en Rusia, ni en Australia tiene ni ha tenido rival, ni lo tendrá jamás. ... Esto también, ¿no es cierto?, parece cuento de hadas, y, sin embargo, no es cuento.
Así había guías agricultores, guías carpinteros, guías albañiles, guías médicos, guías poetas, guías de la mente, guías de las decisiones. Sin embargo, todo esto que parece un cuento de hadas, un día desapareció por obra de la violencia.
Ibsen y Ravachol le ayudan, cada cual a su modo; cae el primer magistrado de Francia herido por el puñal de Cesáreo Santo, y escribe Suderman La dama vestida de gris, donde la abnegación y el amor a la familia toman tintes de sentimientos grotescos, sin que el final de cuento de hadas, agregado por el novelista a su obra, como un farmaceuta hábil, echaría jarabe para dulcificar una pócima que contuviera estricnina, alcance a disimular el acre sabor de la letánica droga.
Blanqueaban las frágiles tazas de china sobre el terciopelo color de sangre de la carpeta, y en el fondo del frasco de cristal tallado, entre la transparencia del aguardiente de Dantzig, los átomos de oro se agitaban luminosos, bailando una ronda, fantástica como un cuento de hadas.
En zonas de nuestro corazón mucho más profundas que aquella en que se encrespa la política hallará siempre un eco estremecido el eterno cuento de hadas que ha vivido esta mujer.