Ejemplos ?
El niño lanzó una exclamación de asombro, dio media vuelta y escapó sin saber qué dirección tomaba, llamando a su madre con gritos inarticulados, llorando, tropezando, con su tierna piel cruelmente desgarrada por las zarzas, su corazoncito palpitando de terror, sin aliento, enceguecido por las lágrimas, perdido en el bosque.
¡ Cómo olvidar á Adolfo García, el poeta de calderoniana en- tonación, sobre quien tan cruelmente pesaron las desventu- ras, ni al chispeante crítico español don Juan Martínez Viller- gas, ni al decidor Murciélago ni á tantos otrosa asiduos con- currentes á las Veladas, verdaderas lides, en que las armas del talento y del ingenio se disputaban el lauro!
Buenas tardes: Los acontecimientos del día de ayer en la comunidad de Acteal, Chiapas, donde un grupo de personas, en su mayoría mujeres y niños, fueron asesinados cruelmente, constituyen un hecho que llena de luto a toda la nación, es un hecho que nos duele y agravia a todos los mexicanos.
Isabeau, magullada, llorando, temblando aún ante la perspectiva de ser más cruelmente golpeada si volvía a la casa, pasó por delante de ella.
Míster Wickfield, con expresión cruelmente preocupada y afligida, se inclinaba hacia adelante, sin atreverse apenas a tocar el brazo de su amigo.
Salvo una impresión general de que el camino era largo y de que el dueño del burro se había portado cruelmente conmigo, creo que tenía un sentimiento demasiado claro de la dificultad de mi empresa cuando volví a ponerme en camino con mis nueve peniques en el bolsillo.
Pero de tal modo gobernó los afectos, que ni dejé de hacer cosa de las que deben hacer los buenos hermanos, ni hice alguna que fuese reprensible en un príncipe.» Advierte, Polibio, que el padre de todos es el que te ha referido estos ejemplos, y que él mismo te ha mostrado que para la fortuna no hay cosa sagrada ni reservada, pues se atrevió a sacar entierros de la familia de donde había de sacar dioses. Así, que nadie se admire de lo que le ve hacer inicua y cruelmente.
Y por lograr esta ocasión que le daba el testamento leído, viendo entrar el entierro, Marco Antonio oró en alabanza de César; y como viese al pueblo vencido y granjeado de su oración, para crecer con la lástima su piedad, alargando el brazo cogió la vestidura de César, y desdoblándola ensangrentada y hecha pedazos cruelmente con las heridas, la enseñó al pueblo.
¡Por fin se acercó por mi escondite, la prima gentil! Me vio trémulo, enrojecida la faz, en mis ojos una llama viva y rara, y acariciante, y se puso a reír cruelmente, terriblemente.
He aquí por qué, estando de acuerdo con la interpretación que de mis declaraciones de Londres hizo Urales en Suplemento, y, coincidiendo, con las explicaciones tan claras y hermosas que Anselmo Lorenzo, mi hermano, amigo y compañero, hizo en el artículo "Definiendo", publicado en La Revista Blanca, no participo de los temores que les causa la aproximación a nuestras ideas de los que Lorenzo llama tan cruelmente "la bandada de políticos que se nos ha echado encima", olvidando que entre la "bandada" se encuentran hombres de buena fe con cuyo apoyo nos hemos sentido dichosos en días de terribles pruebas; hombres que nos proporcionarán aún la felicidad de encontrarlos a nuestro lado en el momento de la gran batalla (1).
-prosiguió-, yo no fui para ti el hijo sumiso que anhelabas, falté a tu voluntad, me opuse a tus deseos, y Dios me castiga cruelmente.
Ammi no me dio más detalles de aquella escena, pero la forma del rincón no reapareció en su relato como un objeto movible. Hay cosas que no pueden ser mencionadas, y lo que se hace por humanidad es a veces cruelmente juzgado por la ley.