Ejemplos ?
Los brazos de los pobres son su caudal; en parándose, ¿qué será de ellos? El hijo de la vecina por madrugar se halló un costal. -Más madrugó el que lo perdió.
No regateé nada. »Pronto le dieron ganas de charlar y reír; vinieron en seguida palabras atrevidas y hablaba más que un costal de nueces.
Hemos aprendido la lección tan hábilmente expresada por un gran pensador: Es mejor un puñado de fuerza que un costal de derechos.
Sí, señores, un pelo, porque si tiée más que uno, que me egüellen; con un pelo que no le llegaría ar pie si le hubiera nacío en el tobillo; y con un cuerpo que es un tináo, y con dos pinreles que son dos falúas, además con toíto el mal ange que le tocó en el reparto, y pensar que a ese costal de carne en gelatina, la tiée un hombre de mérito cuasi como en un estuche; várgame un divé, y qué cosas se ven en la vía!...
No se tardó mi amo; otro día tomó un costal y dos cueros vacíos, y cabalgando encima de mí tomó su camino para aquella aldea, que sería obra de una legua de allí.
Si te da el pobre, es porque más tome. Trasnochar y madrugar no caben en un costal. Súfrase quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
No es admirable: en lo mismo todos caemos y no hay nadie a quien no en alguna cosa ver a un Sufeno puedas. El error suyo a cada uno atribuido ha sido, pero no vemos del costal lo que en la espalda está.
-Toma, en eso se emperró el hombre, y la de los Lunares andaba dándole largas a la cosa, porque estaba allí el Talabartero, que no aseparaba de ella los ojos, y como pa la Niña no es costal de paja el Talabartero..., ¡pos velay tú!
De un rincón pende una cuna, a manera de hamaca, formada de un costal, y en la cuna descansa el cuerpo de un niño envuelto en harapos de dudoso color.
Que la ciudad no es aldea, y cada renacuajo aténgase a su cuajo; que el mercado no ha de ser como costal de carbonero, sucio por fuera, sucio por dentro.
Quiso seguir a su corpulento enemigo; pero el hervor de la espuma lo cegaba, la violenta ondulación producida por cada coletazo del reig le hacía perder camino, y a los pocos minutos se sentía rendido por una carrera tan loca. Pero el animalito panzudo era un costal de malicias.
Parece que el niño escarmentó, pues estuvo todo el resto del día muy pensativo y por la noche soñó que le metían en un costal de harina, le freían en tortilla y que, al mismo tiempo, era el carbón que servía para freírle; y a la mañana siguiente, después de haber dado los buenos días y besado la mano a su madre, le dijo: -Mamá, ya se me han acabado las ganas de correr solo por las calles y de desobedecer tus órdenes.