Ejemplos ?
Además, se iba a perder el simulacro de corrida de toros, que ya anunciaban los sones de trompeta, sin contar los títeres y las demás maravillas.
Habiendo hecho presente el Regidor comisionado de las escuelas públicas que tenía entendido se estaba haciendo una plaza de toros en la Posada, en el mismo sitió donde está la escuela principal de primeras letras, y que siendo este nuevo destino de aquel edificio contrario a la educación de la juventud en todos sentidos, ya por impedir la asistencia de los jóvenes a su enseñanza, ya porque el edificio esta ruinoso y pudiera ocasionar muchas desgracias por el peso de los tablados y espectadores, ya, finalmente, por el espectáculo bárbaro que se proporciona con esta diversión al pueblo; acordó el Cabildo se pasase oficio a la Excelentísima Junta, haciendo presente los perjuicios que podrían originarse por la corrida de toros en este sitió...
Yo me figuraba que íbamos á ver un torneo ó una corrida de toros, quando subió el Inquisidor general al trono, y desde él bendixo al monarca y al pueblo.
Así como la víspera de una corrida de toros y con acom- pañamiento de banda de música popular, se hacía por las ca- lles de Lima el paseo de enjalmas, así cuando se trataba de alguna jugada de importancia recorrían la capital dos negros tocando una chirimía y un tambor, seguidos de un muchacho que cargaba una jaula con un gallo.
Como deseaba escrutar el corazón de mi novia -díjome Sandalio Aguilar, en la terraza del Casino, en la hora propicia a las confidencias, cuando los acordes de la orquesta se desmayan en el aire, aleteando débiles, a manera de fatigadas mariposas-, y en las conversaciones de amor casi todo es mentira, decidí practicar una experiencia que me ilustrase. No había asistido ella nunca a una corrida de toros.
Fue por cierto una soberbia corrida de toros, mucho más bonita, pensaba la Infanta, que la corrida de verdad que había visto en Sevilla, cuando el Duque de Parma visitó a su padre.
-Una noche -continuó él, tras de un suspiro enviado a esas lejanas memorias- después de una corrida de toros en que yo y otros jóvenes aficionados sacamos airosas suertes, cansado y soñoliento entré en mi cuarto, y me arrojé vestido sobre la cama.
Ese sí señor, precisamente señor, se lo repetí maquinalmente varias veces, pues en mi interior aún no quería abandonar la idea del iniciado, del maestro con túnica larga y barba blanca; pues un hombre con los bigotes a lo Kaiser no me cuadraba como un iniciado del Martinismo (Rama de los Rosa-Cruz poseedores del secreto de la piedra filosofal, que transmutan el plomo en oro), ocupado en cotizar acciones de bolsa; me era lo mismo que ver a un arzobispo repartir programas de la corrida de toros.
El Cabildo quería festejar con una corrida de toros y juego de cañas y alcancías la llegada al Perú y posesión de palio del ilustrísimo señor arzobispo D.
El comandante presentó solemnemente al matador, como él decía, a la tripulación; comenzaron los obsequios, y a la mañana siguiente partió de esta bahía el colosal Himalaya, llevándose las comisiones de astrónomos, que si no pudieron estudiar bien a su gusto el eclipse de sol, en cambio, por ellos, el Gobierno de Londres tendrá la satisfacción de saber facultativamente lo que son en España una corrida de toros y dos bailes de campo.
¡Cuán cierto es que lo que no alcanzan barbas lo consiguen faldas! Creo que la noticia se celebró en Guayaquil con corrida de toros y Tedeum.
Fue el conde de la Vega el primer hombre que en el Perú y a las barbas del virrey tuvo coraje para llamar soberano al pueblo. Dábase una corrida de toros en Acho, y la autoridad había ordenado encerrar un bicho.