Ejemplos ?
Y el eco repitió, --- esta Y él mirando en derredor ¿Quién, gritó, en mi casa propia Me mofa con arrogancia? Y el eco retumbó » Francia Por el largo corredor.
Al más leve movimiento que efectúe el actor, apenas se desprenda de la pantalla, Enid y yo nos deslizaremos como por una fisura en el tenebroso corredor.
Como estábamos en verano, este detalle de riguroso ornamento no dañaba nuestra salud ni nuestro miedo. Por una de estas arpilleras, la que da al corredor central, fue por donde entró y me mordió el perro rabioso.
Terruño sin piedad y alto cautivo; textura del placer y eco de un niño. Corredor de soledad y fuentes tibias; trinar de vocaciones y delirios.
Un hombre, soldado en apariencia, sentado en una de ellas cantaba al son de la guitarra la resbalosa, tonada de inmensa popularidad entre los federales, cuando la chusma llegando en tropel al corredor de la casilla lanzó a empellones al joven unitario hacia el centro de la sala.
Cuando ve que su hermano le es hurtado Celindo se llegó, de furor lleno, a Zerbino y pensó verse vengado; mas él, asiendo al corredor del freno, lo echó adonde jamás se ha levantado ni más pudo comer cebada o heno; pues tanta fuerza de su brazo extrajo, que a jinete y corcel mató de un tajo.
—clamó desesperada, dirigiéndose a mi mujer. Otro aullido explotó, esta vez en el corredor central, delante de la puerta. Una finísima lluvia de escalofríos me bañó la médula hasta la cintura.
---Que os aparteis De mi vista ó voto á Dios Que os voy á hacer mil pedazos Sin poder con mi furor. Ya estas palabras asiendo De un larguísimo espadon Iba á caer sobre el médico Que echó por un corredor.
Y oscilaban pendientes entre tanto Del corredor los míseros despojos, Y el llanto que asomaba en muchos ojos Lo tragaba en secreto el corazon.
En la junción del ángulo recto hacia el Oeste está lo que llaman la casilla, edificio bajo, de tres piezas de media agua con corredor al frente que da a la calle y palenque para atar caballos, a cuya espalda se notan varios corrales de palo a pique de ñandubay con sus fornidas puertas para encerrar el ganado.
En aquel instante, y antes de que pudiera responder a la muchacha la vendedora, golpearon suavemente en la puerta de la sala, y preguntó a la primera desde el corredor Mariquita la Pañolines: -Oye tú, Rosario, ¿está entoavía ahí la señá Rosalía, la vendeora?
Y rengo casi siempre, debía pasar una hora entera después de almorzar con los pies de su chico entre las manos, en el corredor y salpicado de lluvia o en el patio cegado por el sol.