cordobán

cordobán

(De Córdoba, ciudad española.)
1. s. m. Piel curtida de cabra o macho cabrío.
2. Cuero repujado y pintado.

cordobán

 
m. Piel curtida de macho cabrío o de cabra.
Traducciones

cordobán

cordovan

cordobán

SMcordovan, cordovan leather
Ejemplos ?
Ésta -que se llamaba Margarita- se crió de milagro; el padre la alimentó con vasitos de leche y sopas, ayudado de las vecinas compasivas, que eran todas en aquel barrio del Jardín, y jugando con recortes de suela, retazos de cordobán, leznas y martillos, la muchacha creció; fue espigando, formándose, engruesando, echando carnes y lozaneando lo mismo que albahaca en tiesto o rosa en rosal.
Consiste entonces su traje en zapatos abotinados de cordobán negro, basquiña y jubón de anascote, negros también, y un gran pañuelo blanco, de hilo, sujeto con alfileres sobre los hombros, no en forma triangular, como en el siglo, sino reuniendo por delante los dos picos de un mismo lado y dejando colgar los otros dos por la espalda.
Se declara por necio con felpa y papagayo al que tirando de la gravedad como el zapatero del cordobán, habla en tono tan bajo y pausado y a lo ministro que parece saludador de cuya presencia en vez de despacho y alivio sacáis confusión y el andar buscando retazos de razones perfectas unas con otra con más sentidos y dificultades que un algebrista güesos de pierna o brazo quebrado y otros mil géneros de necedades que por diferentes modos se trae entre manos advertencias y groserías, hijos, nietos y biznietos y descendientes de los monstruos atrás referidos, tan fáciles de conocer como difíciles de entender ni enmendar, cuya nota y conocimiento queda al diestro lector.
Presto estaba el camarero para habérselo de dar: diérale calzas de grana, borceguís de cordobán; diérale jubón de seda aforrado en zarzahán; diérale un manto rico que no se puede apreciar; trescientas piedras preciosas al derredor del collar; tráele un rico caballo que en la corte no hay su par, que la silla con el freno bien valía una ciudad, con trescientos cascabeles al rededor del petral; los ciento eran de oro, y los ciento de metal, y los ciento son de plata por los sones concordar; y vase para el palacio para el palacio real.
Famoso era, en tal concepto, hacía muchos años, un joven enfermo del hígado, de color de cordobán, que en la ciudad no hablaba con nadie.
Las medias eran de las mejores de seda filipina y los zapatos de cordobán de lustre, a doble suela, con estrellita de oro sobre el empeine.
Y fue a buscar la toalla para limpiarse, y como estaba clavada en ella la aguja capotera, se la clavó; fue a encender luz en el ojo del gato, y este se abalanzó y le arañó todo; fue huyendo para salir a la calle, y cuando llegó a la puerta salió el carnero y le dio una topada por detrás que le echó a rodar; se fue al molino huyendo, se cayó en el río y se ahogó, y las cabritas se quedaron hechas amas de la casa, y lo pasaron muy bien, y yo fui y vine y no me dieron nada, sino unos zapatitos de cobre, otros de cristal, otros de azúcar y otros de cordobán; estos me los puse, los de cristal se me rompieron, los de azúcar me los comí, y los de cobre son para ti.
Rostro acuchillado con varios chirlos y jirones tan bien avenidos y colocados de trecho en trecho, que más parecían nacidos en aquella cara, que efectos de encuentros desgraciados; mirar bizco, como de quien mira y no mira; barbas independientes, crecidas y que daban claros indicios de no tener con las navajas todo aquel trato y familiaridad que exige el aseo; ruin sobrero con oficios de quitaguas; capa de estas que no tapan lo que llevan debajo, con muchas cenefas de barro de Madrid; botas o zapatos, que esto no se conocía, con más lodo que cordobán...
Los rines eran de lámina corriente con copas pequeñas en plástico negro, en la versión taxi, este tipo de auto también traía tapicería en cordobán.
En Sevilla el Árbol seco Me prendió en el arenal, Porque le afufé la vida Al zaino de Santo Horcaz. El zapatero de culpas Luego me mandó calzar Botinicos Vizcaínos, Martillado el cordobán.
Todo allí asumió un carácter eminentemente ciudadano: el jipijapa del Cura fue reemplazado por la teja clásica, y, no contento con la vieja iglesia, no sosegó hasta crear una junta e iniciar los trabajos de un nuevo templo; las grandes damas pasaron de la alpargata a la babucha de cordobán; mermaron un veinte por ciento zuecos y bayetones; esteblecióse zapatería; pusieron letreros en tres o cuatro tiendas; pintáronse como ocho casas; se empapelaron la del alcalde y la de Don Juan Herrera, y tuvieron bombas y mesa central; Doña Nicolasa no volvió a admitir pañales en sus balcones, con ser que Toto le había llenado la casa de Perjuiciecitos, pues iba ya para diez años que se había casado con Carmela.
Maús de bocací trujo griguiesco, cuera de cordobán, gorrón tudesco, y de negro, con mucha bizarría, Zurrón, gato mirlado, de medias y de estómago colchado; Ranillos, que bajó de Andalucía, de conejo en conejo, por la Sierra Morena, a ver del Tajo la ribera amena, con el cano Alcubil, su padre viejo; Gruñillos y Cacharro, la nata y flor del escuadrón bizarro; Marrullos y Malvillo, uno de raso azul y otro amarillo; Garrón, Cerote y Burro, gatos de un zapatero...