cordero

(redireccionado de corderos)
También se encuentra en: Sinónimos.

cordero, a

(Del lat. vulgar *cordarius < lat. cordus, tardío.)
1. s. ZOOLOGÍA Cría de la oveja antes de cumplir un año llevó en brazos al cordero recién nacido hasta el establo.
2. Piel curtida de este animal.
3. COCINA Carne de este animal destinada al consumo.
4. coloquial Persona sumisa, dócil y humilde.
5. cordero de Dios o divino cordero RELIGIÓN Jesucristo, hijo de Dios según la fe cristiana.
6. cordero de Indias El que proporciona un manto de pelo corto tupido, ondulado, en una piel sólida, que puede ser gris, marrón o negro.
7. cordero de Toscana ZOOLOGÍA El que proporciona un manto mullido, de pelo largo y flexible, muy agradable.
8. cordero endoblado El que es amamantado por dos ovejas.
9. cordero lechal Cordero sin destetar, cuya carne es muy blanca y tierna.
10. cordero mueso El que nace con las orejas muy pequeñas.
11. cordero pascual RELIGIÓN El que comen los judíos para celebrar la Pascua, en recuerdo de la salida de Egipto.
12. cordero recental El que aún no ha salido a pastar.
13. cordero rencoso El que tiene una criadilla dentro y otra fuera.

cordero -ra

 
m. f. zool. Cría de la oveja, que no pasa de un año.
fig.Persona mansa, dócil y humilde.
m. Piel de este animal, adobada.
rel. cordero pascual El que con determinado ritual comían los hebreos para celebrar su salida de Egipto.

cordero

(koɾ'ðeɾo)
sustantivo masculino
1. cría de la oveja antes de cumplir el año En el zoológico infantil estuvimos jugando con un cordero.
cordero que comen los judíos para celebrar la Pascua Los judíos comen cordero pascual para celebrar la salida de Egipto.
2. persona sumisa, dócil y humilde Este niño es un cordero.
Sinónimos

cordero

sustantivo masculino

cordero de Dios sustantivo masculino Jesucristo, divino Cordero.
divino Cordero sustantivo masculino Jesucristo, cordero de Dios.
Traducciones

cordero

lam

cordero

агне

cordero

xai

cordero

jehne, jehně

cordero

lam

cordero

Lamm

cordero

karitsa

cordero

agneau

cordero

bárány

cordero

lamb

cordero

agnus

cordero

lam

cordero

lam

cordero

jagnię, baran

cordero

agno

cordero

jagnje

cordero

lamm

cordero

αρνί

cordero

janje

cordero

子羊

cordero

어린양

cordero

แกะ

cordero

kuzu

cordero

thịt cừu

cordero

小羊

cordero

/a
A. SM/F (Zool) → lamb
¡no hay tales corderos!it's nothing of the sort!
es (como) un corderohe wouldn't say "boo" to a goose, he's as quiet as a mouse
cordero asadoroast lamb
Cordero de DiosLamb of God
cordero lechalyoung lamb
B. SM (= piel) → lambskin

cordero

m. lamb;
chuleta de ______ chop;
lana de ______ 's wool.

cordero

m lamb
Ejemplos ?
Si a un caballo hambriento se le abre la llanura, la llanura pastosa y fragante, el caballo se echará sobre el pasto, y se hundirá en el pasto hasta la cruz, y morderá furioso a quien le estorbe. Dos cóndores, o dos corderos, se unen sin tanto peligro como un cóndor y un cordero.
A él voy, contestó con calma Esteban, que después de dar una gran voz acompañada de un silbido para que se agruparan los corderos, que no perdía de vista y comenzaba a desparramarse por el monte, tornó a rascarse la cabeza y prosiguió así: Por una parte vuestras continuas excursiones, y por otra el dale que le das de los cazadores furtivos, que ya con trampa o con ballesta no dejan res a vida en veinte jornadas al contorno, habían no hace mucho agotado la caza en estos montes, hasta el extremo de no encontrarse un venado en ellos ni por un ojo de la cara.
No obstante, al romper el día, cuando llevé a los corderos al agua, a la orilla de este río, como obra de dos tiros de honda del sitio en que nos hallamos, y en una umbría de los chopos, donde ni a la hora de la siesta se desliza un rayo de sol, encontré huellas recientes de los ciervos, algunas ramas desgajadas, la corriente un poco turbia y, lo que es más particular, entre el rastro de las reses las breves huellas de unos pies pequeñitos como la mitad de la palma de mi mano, sin ponderación alguna.
Esteban, exclamó don Dionís con aire burlón, sigue los consejos del preste de Tarazona no hables de tus encuentros con los corzos amigos de burlas, no sea que haga el diablo que al fin pierdas el poco juicio que tienes, y pues ya estás provisto de los evangelios, y sabes las oraciones de San Bartolomé vuélvete a tus corderos, que comienzan a desbandarse por la cañada.
El zagal, después de guardarse en el zurrón un medio pan blanco y un trozo de carne de jabalí, y en el estómago un valiente trago de vino que le dio por orden de su señor uno de los palafreneros, despidióse de don Dionís y su hija, y apenas anduvo cuatro pasos, comenzó a voltear la honda para reunir a pedradas los corderos.
Destapó el carcaj y sacó una flecha nueva, alada, causadora de acerbos dolores; adaptó a la cuerda del arco la amarga saeta, y votó a Apolo Licio sacrificarle una hecatombe perfecta de corderos primogénitos cuando volviera a su patria, la sagrada ciudad de Zelea.
Pero no serán inútiles el pacto, la sangre de los corderos, las libaciones de vino puro y el apretón de manos en que confiábamos.
Para suplir su falta de bienes redacta una serie de consejos religiosos y morales. El testamento es redactado en Sevilla el 7 de febrero de 1617 (Fecho en Sevilla en el año del mejor de los Corderos.
Eran cadencias de gozo, la risa fresca del villancico, que huele a tomillo de monte, entremezclada con un alboroto de gorjeos de pájaros, y los pastores empezaron a bajar de la montaña, cantando su tonadilla, llevando corderos, cestillos de frutas, tocando zampoñas, empujándose para llegar más presto.
La pésima alimentación del presidio se les da a menos de media ración; muchos están pereciendo de inanición y es tal su debilidad que los esbirros tienen que levantarlos de los brazos y llevarlos en vilo cuando quieren que comparezcan a declarar. Hay que trabajar, trabajar duro y constante para que terminen los horrores de la paz que tanto aman los corderos y sus pastores.
Y con ir allí con tanta mansedumbre que más parecen corderos que perros, en el hospital son unos leones guardando la casa con grande cuidado y vigilancia.
En efecto, era así, pues a poco de haberse oído la esquililla empezaron a saltar por entre las apiñadas matas de cantueso y tomillo y a descender a la orilla opuesta del riachuelo, hasta unos cien corderos blancos como la nieve, detrás de los cuales, con su caperuza calada para libertarse la cabeza de los perpendiculares rayos del sol, y su hatillo al hombro en la punta de un palo, apareció el zagal que los conducía.