Ejemplos ?
Y no sé lo que hice, pero debió de ser tremendo. En el campo de batalla, a mis solas, rodeado de enemigos, me convertí en lo que fui en tiempo del Cid...
19 Porque después que me convertí, tuve arrepentimiento, y después que me conocí, herí el muslo: avergoncéme, y confundíme, porque llevé la afrenta de mis mocedades.
Y ya de un nuevo amor en los umbrales, cual si fuese el aliento nuestro idioma, más bien que con la voz, con las señales, esta verdad tan grande como un templo la convertí en axioma: que para dos que se aman tiernamente, ella y yo, por ejemplo, es cosa ya olvidada, por sabida, que un árbol, una piedra y una fuente pueden ser el edén de nuestra vida.
-Preferiría no hacerlo -dijo, y dócilmente desapareció detrás de su biombo. Por algunos momentos me convertí en una estatua de sal, a la cabeza de mi columna de amanuenses sentados.
Tenía genialidad, un apellido distinguido, posición social elevada, brillantez, osadía intelectual; hacía del arte una filosofía, y de la filosofía un arte; alteraba las mentes de los hombres y los colores de las cosas; no había nada que dijera o hiciera que no causara asombro; tomé el teatro, la forma más objetiva que conoce el arte, y lo convertí en un modo de expresión tan personal como la canción o el soneto...
Preferiría decir, o que se dijera de mí, que fui tan hijo de mi época que en mi contumacia, y por esa contumacia, convertí las cosas buenas de mi vida en mal, y las cosas malas de mi vida en bien.
De allí en adelante mi voz fue ley en esa casa; y a una edad en que pocos niños han abandonado los andadores, quedé a merced de mi propia voluntad y me convertí, de hecho, si no de derecho, en dueño de mis actos.
¡ridículo1, me contagié con la podredumbre que modelaba a los demás y me volví peor que ellos… peor... Y he aquí que yo. ¡Harto de padecer ingratitudes y escarnio... me convertí en indignidad...! ¡Y maté...! ¡Maté...!
Y dando más amor del que me dieron, ahondé mi atrevimiento en las cavernas… mudé las oscuras en cenizas… y erigí sobre sus ruinas las hogueras… Mas en mi altivez de sueño, reducido por los espantajos, convertí la sonrisa de mis manos, estrépito de hallazgos, en la semilla que no germina… lucideces rotas, tiempo detenido, descubriendo un mundo donde aún no nacen los deseados cauces para mi desborde iluso.
Aquella filosofía no me era nueva; la había leído de estudiante, hasta entonces llegaba a sentirla. Me convertí en un espiritista sincero; más aún, fanático en cuanto a la belleza de sus doctrinas.
Con tu cuerpo de tablones burdos me convertí en piltrafa de carpintería y en una escuadra de dolor desajustado se me turbó la duela fina.
Y cuando más pronto la necesidad de retomar este camino sea comprendida, cuanto mejor será La gente estará entonces dispuesta y gustosa a aceptar nuevas formas sociales de vida. Si la situación presen- te continúa, aún la palabra "socialismo" será convertí- da en una maldición.