Ejemplos ?
El joven aprovechó ese momento para hablarle de su aventura, y después de contarle la disputa con el arcabucero, animado por el aire paternal del magistrado, confesó también el triste desenlace.
Así fue que cuando al día siguiente fue el tercero con la comida, y oyó a Juan Cigarrón que decía con desconsuelo: ::¡Ay San Andrés, ::que ya los he visto a los tres! Se echó a sus pies, le confesó el delito, le ofreció devolver toda la plata robada y darle una gran regalía si no los delataba.
Miguel -así se llamaba el consorte- frisaría en los treinta: el rubio bigotico, la boca roja, le daban aspecto más juvenil aún; su cara era adamada, su piel fina; pero sólido su tronco, y sus piernas ágiles y nerviosas. A la segunda entrevista, confesó a Romana su única debilidad, su único vicio: la afición a la fotografía.
El capitán, según entonces nos confesó, nunca había navegado más que por la costa de Vizcaya, ni conocía la altura en que nos hallábamos, ni, lo que era peor, el modo de averiguarlo: así fue que, encomendándonos a Dios, pusimos la popa al viento, trincamos el timón, y a los siete días de tormenta nos colamos de noche en un boquete que al capitán se le antojó Santoña; mas al preguntar, cuando amaneció, al patrón de un patache que teníamos al costado, en donde nos hallábamos, supimos que en Castropol.
Imaginó el escribano o que la Colindres o los corchetes se los habían robado; el alguacil pensó lo mismo; llamólos aparte, no confesó ninguno, y diéronse al diablo todos.
Olvidábaseme de decir cómo la enamorada mesonera descubrió a la justicia no ser verdad lo del hurto de Andrés el gitano, y confesó su amor y su culpa, a quien no respondió pena alguna, porque en la alegría del hallazgo de los desposados se enterró la venganza y resucitó la clemencia.
Yo estoy con ustedes, porque cuando yo voy a pedir dinero al banco, casi, casi, como si entrara a la cueva de Alí Babá. Y nos confesó: lo desnudan a uno prácticamente.
El producto de la única vaca que tenía el tío Nardo, vendida de prisa y al desbarate, dio justamente para los gastos de equipo del futuro indiano y para el pequeño fondo de reserva que debía llevar consigo, fondo que se aumentó con medio duro que el señor cura le regaló el mismo día que le confesó; con seis reales del maestro que le dio últimamente lecciones especiales de escritura y cuentas, y con la media onza de que tiene noticia el lector.
Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo que fue preso, y confesó y no negó y padeció persecución por justicia.
Estas y otras palabras que le dije con toda la caridad que se requiere en estas cosas, calmaron su inquietud acerba, y el hombre que a la par que su hermano, pocos momentos antes prorrumpía en imprecaciones y recorría su calabozo delirante, como si sus pies no hubiesen estado cargados con pesados grillos que los oprimían, se arrodilló ante mí con humildad cristiana, me confesó sus pecados y recibió mi absolución.
lo más selecto y más clásico, lo más puro y más legítimo del diccionario especial de tamaños barbarismos Entonces ya confesó, sin ambajes ni remilgos, que estuvo en Puerto Real tres años vendiendo vino y llevando garrotazos de padre y muy señor mío; que sacó seiscientos reales por todo producto líquido, después de comprar el jaco, ropa, escopeta y avíos, y que entró con una onza en su casa, el pobrecillo, y la gastó en francachelas por echársela de rico...
Mandó el tiniente que el tal Losada reconociese la cédula, y que si la reconociese, le sacasen prendas de la cantidad o le pusiesen en la cárcel; tocó hacer esta diligencia a mi amo y al escribano su amigo; llevóles el ladrón a la posada del otro, y al punto reconoció su firma y confesó la deuda, y señaló por prenda de la ejecución el caballo, el cual visto por mi amo, le creció el ojo; y le marcó por suyo si acaso se vendiese.