comendero

(redireccionado de comenderos)

comendero

 
m. Persona a quien se daba en encomienda alguna villa o lugar, o tenía en ellos algún derecho concedido por los reyes.
Ejemplos ?
Una resistencia concejil al señorío episcopal ovetense (1408-1412) Hacia el año 1408, sin que podamos fijar la fecha exacta, los vecinos del Concejo de Llanera, sujetos al señorío jurisdiccional de la sede episcopal ovetense, cansados de soportar los “agravios e sinrazones” que recibían “de algunos comenderos de Don Guillén”, obispo a la sazón se declaran en abierta rebeldía contra su autoridad.
Los crímenes y violencias cometidos por la nobleza y los malhechores, y la inseguridad y los desórdenes públicos alcanzaron, según afirman diversos historiadores, sus cotas más altas en esta época, y por ello los concejos, además de hermanarse entre sí, recurrieron para protegerse a la figura de los comenderos, que eran nobles poderosos que los protegían a cambio de ciertas compensaciones.
En dicho siglo disminuyeron notablemente las encomiendas regias y aumentaron de forma significativa las encomiendas señoriales. En la Galicia bajomedieval existieron dos tipos de encomiendas, la de los abades comendatarios y la de los comenderos.
Uno de los comenderos más poderosos era el comendero de la Iglesia de Lugo, cargo que fue desempeñado entre otros, por el infante Felipe de Castilla (1292-1327), por Fernando Rodríguez de Castro, y por Pedro Fernández de Castro.
Y César Olivera Serrano señaló que Juan I, debido a los abusos cometidos por los comenderos, «había decidido» abolir las encomiendas establecidas en numerosos monasterios de Asturias, Galicia, León y Castilla la Vieja, y también que el tribunal mencionado anteriormente falló en la mayoría de los casos a favor de los cenobios.
Y el conde y Álvaro Pérez Osorio, Alfonso López de Saavedra y Fernán Pérez de Andrade se repartieron posiblemente entre ellos las posesiones del monasterio de Santa María de Meira y cada uno de ellos comenzó a ejercer «su particular protectorado» en las tierras que les correspondían, llegando a afirmar Mariño Veiras que: En el caso del monasterio de Meira, las malas cosechas y las enfermedades, entre otros factores, provocaron una grave crisis que se tradujo en un grave descenso de las rentas que el monasterio y por tanto sus comenderos recibían de los campesinos, por lo que los nobles comenzaron a extorsionar a los monjes y a los vasallos del cenobio en lugar de protegerlos.
Y la situación llegó a tal grado de opresión que el abad de Santa María de Meira se quejó al rey de que los comenderos se apoderaban ilegalmente de: El conde de Trastámara y Pedro Ruiz Sarmiento, que era el adelantado mayor de Galicia, iniciaron una dura política de «expoliación», como señaló Correa Arias, contra los bienes de toda clase de personas ya fueran seglares o religiosos, y ambos cometieron frecuentemente y en «connivencia» toda clase de desmanes contra los monasterios de Oseira, Meira, Pallares y Guntín, entre otros muchos, y el adelantado mayor también les exigió a los vasallos y clérigos de la diócesis de Lugo el pago de algunos impuestos.
Y dicho autor concluyó que, a pesar de su precaria situación ante la Corte, y del hecho de haber sido remplazado en el liderazgo o «supremacía» en Galicia por el arzobispo Juan García Manrique, el conde aún conservaba «intactas» sus esperanzas de volver a ocupar ese liderazgo por creer posiblemente que: Y a pesar de todo lo que se había dispuesto en las Cortes de Soria de 1380 contra los comenderos y demás individuos que ocupaban ilegalmente las propiedades de los monasterios o los extorsionaban...
En las Cortes de Soria de 1380, que se reunieron en el verano de ese año, el rey Juan I de Castilla, tras haber recibido numerosas quejas de los prelados del reino por causa de los abusos cometidos por los comenderos en los monasterios, estableció en qué casos las encomiendas gozarían de legitimidad, abolió la mayoría de las mismas, y conminó a todos los comenderos a que en el plazo de tres meses presentaran los títulos de las encomiendas ante un tribunal del que formaba parte el célebre cronista Pedro López de Ayala, Juan Martínez de Rojas, y los oidores Pedro Fernández de Burgos y Álvar Martínez de Villarreal, a fin de que los cuatro sentenciaran «con urgencia la validez o nulidad» de las quejas presentadas por los eclesiásticos.
En la sentencia pronunciada el día 23 de diciembre de 1380 contra los comenderos que se habían apoderado ilegalmente de bienes pertenecientes al monasterio de Sobrado constan los nombres de los ocho: el conde Pedro Enríquez, Fernán Pérez de Andrade, Lope Pérez de Moscoso, Martín Sánchez das Mariñas, Gómez Suárez Prego, Vasco Gómez das Seixas, García Rodríguez de Valcárcel y Pedro Fernández de Andrade.
A pesar de las sentencias pronunciadas en 1380 contra los comenderos que cometían abusos, como el conde Pedro Enríquez, Olivera Serrano manifestó que ello no puso fin al conflicto, ya que en las Cortes de Guadalajara de 1390, que fueron las últimas del reinado de Juan I de Castilla, volvieron a decretarse algunas leyes que pretendían, en palabras de dicho historiador, eliminar «de raíz» las encomiendas laicas, lo que demuestra en su opinión que las sentencias promulgadas en 1380 no pusieron fin al problema.
Y en un privilegio otorgado por Juan I de Castilla en 1382, que fue citado por Villaamil y Castro, el monarca ordenaba al conde Pedro y al adelantado mayor de Galicia, Pedro Ruiz Sarmiento, que amparasen y defendiesen a los monjes del monasterio de Villaoriente: El privilegio citado anteriormente demuestra, en opinión de Villaamil y Castro, que tal vez el conde tenía como subalternos a sus órdenes a otros pertigueros y comenderos en la pertiguería mayor de Santiago y en la encomienda mayor del obispado de Mondoñedo.