Ejemplos ?
na. -Güeno, pos siga usté su cuento, comadre. -Pos bien...
Di fin a la restauración, quitamos los andamios, el altar lucía como un ascua de oro; y cuando le echaba la última mirada, vino la curiosa comadre a intentar por otra vez hacerse partícipe de mi “secreto”.
— ¿Que no cumpla? ¿Está usted loca, comadre? Parece que usted quisiera que la complazca fK)r sus ojos bellidos, para que luego el Libertador me fría por la desobediencia.
Esta, en sus tercetos, apenas si, por incidencia, habla de su femenil persona, y aun en eso anda un tanto gazmoña. La de la epístola á Lope, más que una dama culta y de buen tono, es una comadre cotorrera.
-¡Qué fenómeno de hombre, comadre, qué fenómeno de hombre! -¿Es eso quéa, compadre? -Qué ha de ser quéa, comadre. Yo soy mu formal, que pa formal me echó a mí mi madre al mundo.
-Pos no, señó, que no venía a eso que usté dice, sino que su comadre de usté es la mar de antojaiza, nunca se le ha antojao que yo venga ni vaya a enterarme de estas cosas, y hoy...
-gritó en tono de zumba el anciano, y después continuó con acento irónico-: Ay, comadre de mi corazón, y cómo se conoce que fue una gata morisca aquella por mo de la cual jechó usté el ancla en esta badía.
Pero tanta parola le metió la comadre y tantas promesas le hizo de que le traería dulces, que al fin convenció al lobo a que se quedase en su choza.
-Vaya usté con Dios, y pierda usté cudiao y dígale usté a mi comadre que aluego sin farta iré yo a darle una cosa que me ha dejao pa ella mi compadre.
Bien dice mi ama que cambiaba catorce burros por usté y vendía jasta er moño pa darle dineros encima. -Pero ¿es que dice eso mi comadre?
— ¿Cómo son las estrellas aquí? — Hijo mío, igual que en el cielo. — Siga, siga la vieja comadre. ¿Dónde iba el glorioso viajero?
Ay Curruco, ay Curruco de mi corazón, y en qué mala horita jeché yo al mundo a ese charrán de mi Pepe que arrastrao se vea y a quien un divé le dé sarna que rascar jasta que yo alevante el deo. -Pero chavó, comadre, ¿qué nueva chanaíta es la que le ha jugao a usté ese querubín apóstata?