Ejemplos ?
En mi espera, eso tan parecido al vicioso naipe solitario, jamás perdí la esperanza, aunque a veces la vi tan huidiza como una liebre en campo abierto y, en los instantes de mayor desconcierto e impaciencia, en las pausas que alimentaban de aire la desesperanza e incluso el estupor, siempre busqué cobijo a la sombra de Tirso de Molina y de Antonio Machado, aquellos dos hábiles prestidigitadores de la palabra cuando, prestando oídos al saber popular, decían que el que espera, desespera: ¡qué verdad tan verdadera!
Volverían los tiempos gloriosos, el triunfo de Jehová y, entre cánticos de alegría, el Templo daría cobijo, también como antaño, a las muchedumbres de las tribus, y el Arca sería otra vez llevada en apoteosis, al son de las chirimías y las cítaras, entre los clamores de gozo del pueblo delirante...
Donde venteaban un animal doméstico, sorprendido por el fuego en su cobijo, y les daba el olor de la socarrada carne, se lanzaban, sin miedo a tostarse las patas, saltando por cima de las abrasadas maderas hasta llegar hasta el plato sabroso, caliente en demasía.
Diez días después del primer sismo se habían rescatado a 3 mil 226 personas con vida; organizado 281 centros de atención de urgencias; prestado atención médica a más de 14 mil heridos; trasladado rápida y ordenadamente a 4 mil 900 enfermos hospitalizados que se encontraban en edificios dañados; dado cobijo a 37 mil 300 personas en 144 albergues y 73 campamentos; restablecido el 99% del servicio telefónico local, el 44% de las líneas telefónicas para llamadas al exterior y el 47% de las mismas ya recibían llamadas de fuera de la capital, se habían reparado un caudal de 4.7 metros cúbicos por segundo de agua potable y atendido 280 fugas del vital líquido.
Al caer la tarde, el tiempo se puso horrible, y nuestro mozo se dio prisa en buscar un cobijo, pero no tardó en cerrar la noche oscura.
Y ya en todo el día no se apartaba de su ama, de la marquesa, en cuyas faldas fofas y muelles encontraba cobijo, cuyos brazos de alabastro la formaban como tibio y firme aro defensor, cuyos besos calentaban su hocico frío, sus ojos hermosos, destellantes de inteligencia...
La palabra que nació dentro de estas montañas, las montañas zapatistas, encontró oídos que le dieron cobijo, la cuidaron y la lanzaron de nuevo para que lejos llegara y diera la vuelta al mundo.
Hace pocas semanas concretábamos nuestro pensamiento en un pobre escrito en que decíamos: "El verdadero CASO DE ESPAÑA sería este: Que dentro de la unidad intangible y recia, de la gran Patria, se pudieran conservar las características regionales, no para acentuar hechos diferenciales, siempre muy relativos ante la sustantividad del hecho secular que nos plasmó en la unidad política e histórica de España, sino para estrechar, con la aportación del esfuerzo de todos, unos vínculos que nacen de las profundidades del alma de los pueblos iberos y que nos impone el contorno de nuestra tierra y el suave cobijo de nuestro cielo incomparable.
Fuera al cobijo de la choza o fuera, tenía día y noche al mozo al lado, siempre, mañana y tarde, una ribera buscando iba, o algún bello prado; su techo al mediodía cueva era, quizás de no menor cómodo agrado que aquella en que, al huir la lluvia, Dido dio a Eneas pruebas de su amor rendido.
Donde odio y destello de rayo se volvieron uno, una maldición —, sobre las montañas golpea ahora la ira de Zaratustra, como nubarrón se desliza furtivo por su camino. ¡Escóndase quien tenga su último cobijo!
Mas como sin comer no hay quien mejor aprenda y los arrimados cansan, un día la familia que le había dado cobijo en la vecindad quiso aprovecharse de él: –¡A trabajar si aquí quieres vivir!- le dijo don Sebas, que era re’ marro y que cada rato regañaba y hasta le pegaba a doña Joaquinita por tener a ese hijo de nadie en casa, viviendo a sus costillas.
No podían ser estas gentes simples emigrantes; por fuerza habían de constituir un pueblo nómada, llevado de las circunstancias a buscar cobijo en nuevas tierras.