cisma


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cisma

(Del bajo lat. schisma < gr. skhisma, escisión, separación.)
1. s. m. División que se produce entre los miembros de un grupo, una comunidad, un movimiento o un partido por motivos ideológicos o doctrinales cisma político.
2. RELIGIÓN Separación de la comunión de la Iglesia basada en la rebelión contra la autoridad espiritual cisma bizantino.
3. Desavenencia o desacuerdo sus opiniones crearon un cisma en la familia. discordia
4. Colomb. Remilgo o melindre.

cisma

 
amb. División o separación entre los individuos de un cuerpo o comunidad.
hist. relig. Acto de repudiar la autoridad del Papa aunque sin apartarse de la doctrina ortodoxa. Los más importantes fueron el cisma de Oriente (1054), que fundó la Iglesia ortodoxa, y el cisma de Occidente, que supuso la existencia simultánea de varios papas entre 1378 y 1417.

cisma

('θizma)
sustantivo masculino
1. unidad división entre los miembros de un grupo un cisma político
2. religión separación de la comunión de la Iglesia cisma bizantino
3. desavenencia o desacuerdo en una comunidad espiritual Su decisión ocasionó un cisma en la familia.
Traducciones

cisma

cisma

cisma

Schisma

cisma

skismo

cisma

schisme

cisma

scisma

cisma

schisma

cisma

cisma

cisma

الانشقاق

cisma

schizma

cisma

Skisma

cisma

schism

cisma

SM
1. (Rel) → schism (Pol) → split; (= desacuerdo) → discord, disagreement
2. (Andes) (= remilgo) → prudery
3. (Andes) (= chismes) → gossip
Ejemplos ?
En 1903 tuvo un papel clave en el cisma vivido por el POSDR, erigiéndose en líder de la facción bolchevique, en contraposición a la facción menchevique liderada por Yuli Mártov.
y también quisiera sospechar qué diría don Juan Boina, si levantase la cabeza, del cisma que se ha movido entre los tradicionalistas desde hace un año.
No omitió fatiga para cortar el cisma que habían levantado en la Iglesia algunos Cardenales, deponiendo al Papa Eugenio IV de la Silla Apostólica, y colocando en ella á Félix V, ó Amadeo de Saboya; y sufrió contradicciones violentas para asegurar al Rey de Castilla la preferencia de asiento que en la Cámara Pontificia le disputaba el de Inglaterra, y asimismo para hacer que se declarase que correspondía á Castilla y no á Portugal la conquista de las Islas Canarias.
Y aunque esta tradución me diera venganza de cualquier otra que oviera, soy tan enemigo de cisma que aun ésta tan sin peligro me enoxara.
Por esto el apóstol San Pablo no pide solamente a los cristianos que tengan los mismos sentimientos y huyan de las diferencias de opinión, sino que les conjura a ello por los motivos más sagrados: «Os conjuro, hermanos míos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que no tengáis más que un mismo lenguaje ni sufráis cisma entre vosotros, sino que estéis todos perfectamente unidos en el mismo espíritu y en los mismos sentimientos»(33).
Es mi sentir, repito, que su ilustrísima anduvo desacertado en la elec­ción de la oportunidad, pues admitiendo mi creencia de que la saya y manto nacieran en 1560, cuarenta años después, esto es, en 1601, año del tercer Concilio, las devotas de la extravagante indumentaria serían ya todas las limeñas, esto es, dos o tres mil hijas de Eva, las que alborotaron el cotarro hasta el punto de sembrar semilla de cisma.
¿La religión, como un dogma, es más pura, pero la creencia subjetiva es más confusa, debilitada, sin defensores, sacudida por el criticismo y la interpretación, o transformada en el fanatismo y aspecto hipócrita de santidad, ¿y la iglesia? oh, su vida es el cisma o la muerte.
La viuda se tapó los oýdos, mas no los ojos, siendo más necessario ser ellos los cubiertos, porque el oýdo ya avía gozado de su oficio de oýr, importava no usassen ellos del suyo; con todo, no la admitió, harto sentida de quedarse sin ella, de suerte que huvo cisma entre el no quiero de Beatriz y el dessear verse con su possessión, diziéndole muchas vezes se fuesse con Dios y la dexasse, porfiando él en que siquiera permitiesse la acompañasse.
Alfonso, se persuadió á que él solo podría desempeñar la grande empresa de la restauración de la Italia sublevada y apartada de la obediencia del Papa por Ludovico Duque de Baviera, competidor de Federico de Austria en el Imperio: guerra que aunque en su primer motivo no fuera bastante á justificar la opinión de aquellos tiempos, la hicieron precisa la rebeldía, el cisma, y los atentados del Duque.
Un Gregorio VII, que de fraile llego á ser papa, y quiso deponer los reyes y dar los imperios, lejos de ser el señor de Roma, murió protejido, ó mas bien prisionero de los príncipes normandos que conquistaron las dos Sicilias, y que el creia sus vasallos. En el gran cisma de Occidente vivieron con frecuencia de limosnas los papas que se disputaban el imperio del mundo.
«Nada es más grave que el sacrilegio del cisma: no hay necesidad legítima de romper la unidad»(72). = 25. ¿Y cuál es el poder soberano a que todos los cristianos deben obedecer y cuál es su naturaleza?
Si debemos aprender de alguien a comportarnos en nuestras interminables disputas, es ciertamente de los após­toles y de los evangelistas. Había motivos para provocar un cisma violento entre san Pablo y san Pedro.