chelín

(redireccionado de chelines)
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chelín

(Del ingl. shilling.)
s. m. HISTORIA Moneda inglesa antigua que valía la vigésima parte de la libra esterlina guarda chelines decimonónicos y de la guerra.

chelín

(Del alem. Schilling.)
s. m. ECONOMÍA Unidad monetaria de Austria (sustituida en 2002 por el euro), Kenya y otros países.

chelín

 
m. Moneda británica de plata que valía la vigésima parte de la libra esterlina.

chelín

(ʧe'lin)
sustantivo masculino
1. historia antigua unidad monetaria inglesa Un chelín era la vigésima parte de una libra esterlina.
2. economía moneda de este valor Tenía 5 chelines en el bolsillo.
Traducciones

chelín

shilling

chelín

schilling

chelín

scellino

chelín

shilling

chelín

xelim

chelín

الشلن

chelín

Szyling

chelín

шилинг

chelín

先令

chelín

先令

chelín

šilink

chelín

שילינג

chelín

실링

chelín

shilling

chelín

SMshilling
Ejemplos ?
El impuesto sobre la renta es de 5 1/2 chelines por libra, o sea más de un 25 por ciento, y el impuesto sobre herencias llega hasta el 50 por ciento.
En Inglaterra, cerca de dos millones de hombres sin trabajo crean un tremendo problema interno, insoluto desde hace tiempo, que mantiene sumido en la miseria a un ejército de desocupados, pues el corto subsidio que reciben del Estado no les basta para sus urgentes necesidades (17 a 24 chelines semanarios, de acuerdo con el número de familiares del desocupado).
En 1848, una comisión de la Cámara de los Comunes estableció que "mientras en Kandesh el quarter de trigo costaba de 6 a 8 chelines, se vendía al precio de 64 a 70 chelines en Punah, donde la gente se moría de hambre en las calles, pues no podían recibir víveres de Kandesh a causa de que los caminos arcillosos estaban intransitables".
A todos los hombres libres de nuestro reino hemos otorgado asimismo, para Nos y para nuestros herederos a titulo perpetuo, todas las libertades que a continuación se enuncian, para que las tengan y posean de Nos y de nuestros herederos para ellos y los suyos: 2) Si fallece algún conde, barón u otra persona que posea tierras directamente de la Corona, con destino al servicio militar, y a su muerte el heredero fuese mayor de edad y debiera un "censo", dicho heredero entrara en posesión de la herencia al pagar la antigua tarifa del "censo", es decir, el o los herederos de un conde pagaran 100 (cien) libras por toda la baronía del conde, los herederos de un caballero 100 (cien) chelines como máximo por todo el "feudo" del caballero...
Era una hoja arrancada de un libro viejo, que jamás hubiera pensado que lo tratasen así, pues era un libro de poesía. -Todavía nos queda más -dijo el tendero-; lo compré a una vieja por unos granos de café; por ocho chelines se lo cedo entero.
-me dijo paseando conmigo después de juzgar el asunto en aquel tono. Le dije que siete chelines. -Te convendría más que lo guardara yo --dijo, Eso si te parece bien.
Los sindicatos australianos fijaron, hace poco, en siete chelines -1 chelín = 1,25 pts.- y en ocho horas, el salario mínimo y la jornada máxima de trabajo, para todos los obreros del país.
Míster Quinion me aconsejó entonces muy seriamente que trabajara todo lo más posible en la casa, y me dijo que se me pagarían seis chelines por semana (no estoy seguro de si eran seis o siete; mi inseguridad me hace creer que primero debieron de ser seis, y después siete).
Le tocó a una señora que llevaba un gran bolso de mano, del que sacó de muy mala gana los estipulados cinco chelines, todos en medios peniques, y además dio un penique de menos, no sirviendo de nada el tiempo que se perdió en explicaciones y demostraciones aritméticas, pues no lograron convencerla de ello.
Esto hacía una buena brecha en los seis o siete chelines, ya lo sé, y hay que tener en cuenta que estaba en el almacén todo el día y tenía que durarme el dinero la semana completa.
Al día siguiente había vuelto a caer en su abatimiento y trataba de consolarse dándome todo lo que tenía de oro y plata; pero habiendo intervenido mi tía, sus liberalidades se redujeron a cinco chelines; a fuerza de ruegos consiguió subirlos hasta diez.
¡No, no, no! ¡Dos chelines, goruu, goruu! Cada vez que lanzaba aquella exclamación parecía que se le iban a saltar los ojos, y pronunciaba todas las palabras con el mismo sonsonete y como el viento, que a veces es suave, a veces escala montañas o a veces vuelve a hacerse suave.