Ejemplos ?
Allí le vendaron los ojos y, calle adelante, lo metieron en una casuca donde, a calzón quitado, le aplicaron veinticinco azotes, con látigo de dos ramales, y así, con el rabo bien caliente, lo acompañaron hasta dejarlo en la plazuela del Prado.
La pareja de pescadores que trajo al mundo a la Camarona habitaba una casuca fundada sobre peñascos, y en las noches de invierno el oleaje subía a salpicar e impregnar de salitre la madera de su desvencijada cancilla.
Así es que, enloquecido, después de luchas estériles, de ofrecimientos insensatos, de amenazas, de ruegos, de hacer jugar influencias y de servirse del párroco, que pretendió despertar la obtusa conciencia de Dominga, una mañana Barbastro entró en la casuca de la aldeana, como quien se lanza al mar, resuelto a todo..., y encontró una rural Lucrecia, que sólo ante el ara sagrada rendiría su zahareña y nunca asaltada virtud.
¡Y qué bien «componía», coronando el rústico molino y la pobre casuca de los molineros, el gran castaño de horizontales ramas y frondosa copa, cubierto en verano de pálida y desmelenada flor; en octubre de picantes y reventones erizos!
¡abajo el palacio, abajo el castillo, abajo la corona! ¡A tu casuca con tu mujer, marido cobarde! ¡A tu casuca con el morral vacío!
Cuando así hablaba, salíamos del hermoso soto de castaños que rodea la aldeíta de Illaos, y nos deteníamos al pie de uno, ya vetusto y carcomido, que sombreaba cierta casuca achaparrada y semirruinosa.
Indudablemente, pasaba algo grave en aquella vecindad. Un tanto preocupado con esta idea, puse toda mi atención en la casuca, con el objeto de adquirir la verdad.
El sol poniente dejaba un reflejo dorado sobre los cristales de una torre que aparecía cubierta de negros vencejos y en el silencio de la tarde se oía el murmullo de las fuentes y las voces de las cinco hermanas. Flanqueada la muralla del jardín, llegué a la casuca terreña que tenía la cornamenta de un buey en el tejado.
No me queda más que el pellejo: ¿quién lo quiere?». Existe en el campo de batalla de Ayacucho una choza o casuca habitada por Sucre el día de la acción.
Ahora, pues, previa tu indulgencia por estas digresiones, y suponiéndote orientado en el terreno de nuestros personajes, voy a tratar del verdadero asunto de mi cuadro. Hace pocos días empezó a llamarme la atención el aspecto que presentaba la casuca de enfrente.
Figúrese el lector el pedazo de esa línea más áspero e irregular, el más avanzado y expuesto a los furores y embestidas del Cantábrico; el de más extensos horizontes marinos; una docena de casucas dispersas y como arrojadas allí por el oleaje de una tempestad, en un repliegue del terreno menos indócil a los trabajos del cultivo; la casuca más vieja de todas ellas...
Sin miedo alguno, cabalgó, se agarró y se dejó deslizar lentamente, girando un poco, con instinto seguro. Llegó al suelo, soltó el cabo, saltó y echó a andar hacia la verja, en dirección al lugar que ocupaba la casuca del herrero.