cascabel


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cascabel

(Del occitano cascavel, diminutivo del lat. vulgar cascabus, variante del lat. caccabus, olla.)
1. s. m. Bola hueca de metal, de pequeño tamaño, que lleva en su interior un pedacito de hierro o latón para que suene al moverla sólo oíamos el cascabel del gato. cascabillo
2. MILITAR Remate posterior de forma casi esférica de algunos cañones de artillería.
3. de cascabel gordo loc. adj. coloquial Se aplica a las manifestaciones literarias o artísticas con poca sensibilidad y que producen un efecto grosero y grotesco.
4. echar el cascabel coloquial Decir algo insólito para ver qué efecto produce.
5. echar alguien el cascabel a otro coloquial Eludir una responsabilidad para que recaiga en otro.
6. poner el cascabel al gato coloquial Aventurarse a alguna acción peligrosa o muy difícil.
7. ser alguien un o como un cascabel coloquial Ser muy alegre.

cascabel

 
m. Bola de metal, hueca y agujereada, que lleva dentro un pedacito de hierro o latón para que, moviéndolo, suene.

cascabel

(kaska'βel)
sustantivo masculino
1. bola de metal hueca con una bolita en su interior el cascabel del gato
2. zoología anillos que tiene la serpiente de cascabel al final de su cola el cascabel de los crótalos
3. militar remate de algunos cañones de artillería en su parte posterior un cascabel de forma casi esférica
adelantarse a una situación peligrosa o difícil Nadie se anima a ponerle el cascabel al gato.
ser una persona muy alegre Tu hija es un cascabel.
Traducciones

cascabel

jingle bell, bell

cascabel

guizo

cascabel

ガラガラヘビ

cascabel

방울뱀

cascabel

A. SMlittle bell
de cascabel gordopretentious
ser un cascabelto be a scatterbrain
echar o soltar el cascabelto drop a hint
poner el cascabel al gatoto bell the cat
V tb serpiente
B. SF (LAm) → rattlesnake, rattler (EEUU)
Ejemplos ?
Désele a ese «gran poeta» que, por ende, debe sentir las bellezas del arte en todas sus manifestaciones; désele, repito, un hermoso mármol del mismo Fidias, y suponiendo que le quiera recibir por descolorido y ordinario, se verá cómo no tarda en colgar un cascabel del cuello de la estatua, en ponerla una cofia en la cabeza y un ramillete de siempre-vivas en la mano, cuando no un refajo sobre las caderas, o en pintarle las mejillas de almazarrón y de verde las pantorrillas; y no por escarnio, no, señores, sino porque cree sencillamente que así está más maja.
-No, de Adán. De las mujeres son yararás que usted conoce, y una que otra serpiente de cascabel... -Crotalus terrificus- observé.
Al ver llegar al Niño–Astro, golpeó en su taza de madera, agitó su cascabel, y llamando al niño le dijo: —Dame una moneda, pues si no me voy a morir de hambre; me han echado de la ciudad y no hay quién se apiade de mi.
En un segundo, entre los tres, enloquecieron a la serpiente de cascabel, saltando de aquí para allá, y en otro segundo, cayeron sobre ella, deshaciéndole la cabeza a mordiscones.
se mama el dedo meñique, y ni chista ni mista y se aguanta el clavo, sin molestar con gritos y lamentaciones al vecindario. -Y a usted, so godo de cuernos, cascabel sonajero, ¿quién le dio vela en este entierro?
Aunque, ni con viento pampero, supiera errar el tiro, no era de aquellos que, porque porfía un poco un animal, al momento desprenden la presilla y con grandes gestos, para llamar la atención sobre su destreza, arrollan el lazo o revolean las tres hermanas. Era como manía, en ese hombre, hacerlo todo sin cascabel.
Diz que el cielo (¡cosa rara!) de igual rumor ha dotado allá en tierras muy lejanas, para que la evite el hombre, a una serpiente que llaman de cascabel, y que al punto que se acerca pica y mata.
Y al decir esto el pequeño gnomo iba y venía, de un lugar a otro, a cortos saltos, por la honda cueva que le servía de morada; y hacía temblar su larga barba y el cascabel de su gorro azul y puntiagudo.
Su divino talle se dobló hacia el autor, como la rama de un limonero se inclina al peso del codiciado fruto... El autor creía tener colgado un cascabel de cada oreja: tanto le silbaba la sangre en los oídos.
A la distinguida escritora Clorinda Matto de Turner) Dama de mucho cascabel y de más temple que el acero toledano fue doña Ana de Borja, condesa de Lemos y virreina del Perú.
La autoridad predicaba como San Juan en el desierto; porque habiéndose ella declarado impotente, no era posible encontrar patriota que arriesgarse quisiera a ponerle cascabel al gato.
El viudo, más alegre que unas pascuas, decía aquella misma noche a sus amigos: «Dios me ha venido a ver, librándome de esa serpiente de cascabel».