Ejemplos ?
Hízose con hábiles trabajadores; puso a cada hijo un puñado de onzas en las manos para que se las buscasen con las bestias; puso a la niña un amuleto de corales para evitarle tentaciones; puso a su mujer -muerta a les pocos meses de tranquilidad- un hábito del Carmen y una caja con galones de oro, y diose al esparto, oficio en que era maestro, y al vino, culto en que resultaba, al empezar sus juergas, primer sacerdote, al concluirlas sacerdote exclusivo, por ser el único oficiante que sabía tenerse en pie. No daban sus obreros abasto a la construcción de sermones, capachos, espuertas, frontiles, cubiertas, aguaderas, tencas y sogas.
Y entonces tú también encontrarás intrusos en tu camino que te hablarán de tías que no tienes y tratarán de hacer creer que son hermanos de leche contigo. Los intrusos forman una cadena sin fin, una de esas cadenas de capachos para elevar agua; cada cual recoge, sube y vacía.
Y mientras el Butibamba daba glorioso remate a la obra comenzada por Antoñuelo en mal hora para el tío Capachos, éste contábale lo ocurrido en florido y pintoresco lenguaje, y allá en el Altozano, Antonio casi lloraba de pena y de ira sobre sus ilusiones muertas, y embriagábanse de amor, mirándose con intensa y amorosa avidez, Rosario la Pipiola y Francisco el de Mairena, uno de los hombres más famosos y juncales de los muchos juncales y famosos de los que venden carbón en mi Málaga la Bella.
Mil senderos. Con sus machos, abrumados de capachos, van gañanes y arrïeros. ¡De la venta del camino a la puerta, soplan vino trabucaires bandoleros!
Mas, no obstante esas reflexiones, la alegre cabalgata partió seguida de un criado conductor de dos mulas cargadas de capachos para llevar los fiambres, y traer la sabrosa y perfumada compra...
Y de tal modo hubo de decir estas palabras Antoñuelo, tan ferozmente le hubieron de brillar los ojos; de modo tan amenazador vio relampaguear en su mano crispada la afiladísima «barbera», que cinco minutos después penetraba el tío Capachos en la barbería del Butibamba y decíale a éste con acento compungido, mostrándole la mejilla aún sin afeitar y aún casi llena de jabonosas espumas: -Hombre, Butibamba, por el amor de Dios...
Era un viejo dulce y bueno, y hacía muchos años, al decir de mi madre, que llegaba todos los días, a la misma hora, con el pan calientito y apetitoso, montado en su burro, detrás de dos capachos de cuero, repletos de toda clase de pan: hogazas, pan francés, pan de mantecado, rosquillas… Mi madre escogía el que habíamos de tomar y mi hermana Jesús lo recibía en el cesto.
¡Pos si ella misma se ríe chufleándose de sus dientes! porque, eso sí, lo que es gracia la tiée por capachos. -¡Toma!, por algo anduvo tirándole los chambeles el Triguerito, y eso que el Triguerito presume de tener la boca más fina que el terciopelo.
Del palo largo colgaban los tasajos de solomo y de falda, el tocino y la empella; de los garabatos colgaban las costillas de vaca y de cuchino; las longanizas y los chorizos se gulunguiaban y s'enroscaban que ni culebras; en la escusa había por docenas los quesitos, y las bolas de mantequilla, y las tutumadas de cacao molido con jamaica, y las hojaldras y las carisecas; los zurrones estaban rebosaos de frijol cargamanto, de papas, y de revuelto di una y otra laya; cocos de güevos había por toítas partes; en un rincón había un cerro de capachos de sal de Guaca...
-exclamó revolviéndose iracundo, con el semblante lívido y contraído, siniestra la mirada, y amenazadora la actitud, contra el tío Capachos el barbero del Altozano.
Y mientras tenía lugar esta escena en casa de Rosario la Pipiola, Antoñico el barbero también al oír la voz de Paco y el campanilleo de la Platera: -Usté perdone -díjole al tío Capachos...
Y el tío Capachos, ya impaciente, con el paño al cuello y aún un carrillo limpio y pulido y con el otro embarrizado en jabón, dejó el enorme sitial y dirigióse a la puerta.