Ejemplos ?
MOPSO ¿Y cual don hay mayor que ése para mí? Digno es el mancebo de que tú cantes, y ya hace tiempo que me elogió Stimicón esos tus versos.
Sus instintos cristianos son algo turbios y cambiar fiestas santas suele en orgía por las plazas y calles de los suburbios, con instrumentos bárbaros sin armonía, con músicos sin ritmos y sin compases; cantes de ideas cínicas y absurdas frases y estrépitos salvajes de algarabía.
-Pos pa que cantes tú lo único que sa menester es llegarte al corazón, y pa llegarte a ti al corazón y pa que jagas lo que se te pía, sa menester peirtelo por el mozo más rebonito y más armionao y más cruzaito de alas del barrio de la Victoria.
A la tu missa nueva desta festividat Adugote ofrenda de grant auctoridat, Cassulla con que cantes, preçiosa de verdat Oy en el dia sancto de Navidat.
Y destilo de tu lengua aunque a otra mujer llamaras, y me clavo como un dejo de salmuera en tu garganta; y odies, o cantes, o ansíes, ¡por mí solamente clamas!
Uno de tus amigos, y maestro No sólo en poesía, mas en todas Artes y ciencias, de la humana mente Árbitro enmendador, me aconsejaba: «No cantes tus afectos y dedica Esa viril edad a los severos Estudios económicos.
Esa facultad de despertar un mundo de cosas graves, dulces o tristes por medio de un ritmo familiar y a menudo jubiloso, ¿no es el carácter de esos cantes familiares que son las supersticiones de la música, si se quiere aceptar la palabra superstición como significativa de todo lo que queda después de la ruina de los pueblos y sobrenada en sus revoluciones?
¡tráiganme la tambora mandarina, la que hace más ruido, para no oír lo que me dicen mis malas acciones!» Pero las acciones seguían diciendo: «¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas?» «¡Música, música!» gritaba el emperador: «¡oh, hermano pájaro de oro, canta, te ruego que cantes!
¡yo te he colgado al cuello mi chinela de oro! ¡te ruego que cantes!» Pero el pájaro no cantaba. No había uno que supiera darle cuerda.
Uno de tus amigos, y maestro No sólo en poesía, mas en todas Artes y ciencias, de la humana mente Árbitro enmendador, me aconsejaba: «No cantes tus afectos y dedica Esa viril edad a los severos Estudios económicos.
En sus fuerzas te adelantas, pues bailando nos admiras, y nos matas si nos miras, y nos encantas si cantas. De cien mil modos hechizas: hables, calles, cantes, mires; o te acerques, o retires, el fuego de amor atizas.
el airado Mavorte la crueza ¡oh! no cantes, mi lira, ni la insana sed de sangre, el furor y la fiereza. Mas di de Venus, reina soberana de Pafos, el poder; di los amores y de las Gracias la belleza humana.