cambiador

cambiador

s. m. Chile INDUMENTARIA Y MODA Guardaagujas, trabajador del ferrocarril.

cambiador

(kambja'ðoɾ)
sustantivo masculino
mueble o manta sobre la que se cambia el pañal y/o la ropa al bebé Colocaré al bebé sobre el cambiador para sacarle los pañales.
Traducciones

cambiador

table à langer

cambiador

Wechsler

cambiador

wisselaar

cambiador

المغير

cambiador

Měnič

cambiador

교환기

cambiador

växlare

cambiador

SM [de dinero] → moneychanger; [de productos] → barterer (LAm) (Ferro) → pointsman, switchman (EEUU)
Ejemplos ?
Yo, viendo que este azotado parlaba mucho y decía cosas livianas, no satisfaciéndome, antes, siendo cierto que él procuraba alguna traición, dile aquel brebaje, pero mirando a la verdad, que se podría saber, no quise recibir luego el precio que me daba, y díjele: «Porque quizás por ventura alguna de estos sueldos que me das no se hallase falso o engañado, vedlo aquí en esta taleguilla; séllalos con tu anillo hasta que mañana venga un cambiador y los pese y vea si son buenos.» De esta manera él selló los dineros en la taleguilla...
-Dígame usted, ¿qué cosa es un cambiador? -Un cambiador, un guardagujas como más propiamente se le llama, es un personaje importantísimo en toda línea ferroviaria.
Finalmente, que él, solo y solitario en una pequeña casa, aunque bien fortalecida, contento, sucio y mal vestido, dormía sobre los zurrones de oro; así, que todos de un voto acordamos que el primer ímpetu y combate fuese en esta casa, porque, todos a una, comenzada la batalla, sin dificultad pudiésemos apañar los dineros de aquel cambiador rico.
Cuando los vecinos oyeron esto, cada uno, espantado del peligro que les podía venir a su casa por la vecindad de la del cambiador, venían corriendo a socorrerle.
Claro es que con este sistema los accidentes y descarrilamientos eran frecuentísimos. Y yo mismo sé de una catástrofe que me refirió un ex cambiador años atrás.
Cuando después de atravesar a gatas por entre las tablas del despedazado vagón, me encontré en el andén delante de un funcionario que parecía el jefe de estación, lo único que se me ocurrió decir fue: -¿Cuánto gana el cambiador?
Casi como llegamos a Tebas, ciudad de Beocia, que es principal para el trato de esta nuestra arte, andando con diligencia buscando lo que habíamos de robar entre los populares, no se nos pudo esconder Criseros, un cambiador muy rico y señor de gran dinero, el cual, por miedo de los tributos y pechos de la ciudad, con grandes artes disimulaba y encubría gran riqueza.
Mi simpática amiga y compañera de viaje dejó a un lado el libro que narraba un descarrilamiento fantástico, debido a la impericia de un cambiador, y se dispuso a escucharme atentamente.
Y es muy natural y lógico que así sea, pues la responsabilidad que afecta al telegrafista o jefe de estación, al conductor o maquinista del tren, es enorme, no es menor la que afecta a un guardagujas, con la diferencia de que si los primeros cometen un error puede éste, muchas veces, ser reparado a tiempo; mientras que una omisión, un descuido del cambiador es siempre fatal, irremediable.
Un telegrafista puede enmendar el yerro de un telegrama, un jefe de estación dar contraorden a un mandato equivocado, y un maquinista que no ve una señal puede detener, si aún es tiempo, la marcha del tren y evitar un desastre, pero el cambiador, una vez ejecutada la falsa maniobra no puede volver atrás.
Cuando las ruedas del bogue de la locomotora muerden la aguja del desvío, el cambiador, asido a la barra del cambio, es como un artillero que oprime aún el disparador y observa la trayectoria del proyectil.
Fue a fines de mes, en esos días tan tristes para los que ganan poco salario, y entre estos se contaba el cambiador y su familia.