camarera


También se encuentra en: Sinónimos.

camarera

s. f. Mueble provisto de ruedas y bandejas en el que se llevan los objetos y alimentos para servir la mesa.

camarera

 
f. Mujer de más respeto entre las que sirven en las casas principales.
Empleada que sirve en las fondas, cafés, barcos de pasajeros, etc.

camarera

(kama'ɾeɾa)
sustantivo femenino
mesa rodante pequeña para trasladar desde la cocina varias cosas a la vez En una camarera llevó los alimentos hasta el jardín.
Traducciones

camarera

waitress, maid, dressing‐gown, steward, barmaid, bartender, chambermaid

camarera

barmanka, pokojská, servírka

camarera

barpige, servitrice, stuepige

camarera

hotellin kerroshoitaja, tarjoilijatar

camarera

konobarica, pipničarka, sobarica

camarera

ウェイトレス, 女性バーテンダー, 客室係のメイド

camarera

객실 담당 여직원, 여자 바텐더, 웨이트리스

camarera

barflicka, servitris, städerska

camarera

บริกรหญิง, สาวใช้ทำความสะอาดห้องนอน, หญิงเสิร์ฟเครื่องดื่มในบาร์

camarera

người hầu bàn nữ, nữ phục vụ của quán rượu, nữ phục vụ phòng

camarera

女服務員

camarera

המלצרית

camarera

SF (en hotel) → maid, chambermaid; (en casa) → parlourmaid
Ejemplos ?
Rodolfo, en tanto, vuelto a su casa, echando menos la imagen del crucifijo, imaginó quién podía haberla llevado; pero no se le dio nada, y, como rico, no hizo cuenta dello, ni sus padres se la pidieron cuando de allí a tres días, que él se partió a Italia, entregó por cuenta a una camarera de su madre todo lo que en el aposento dejaba.
Doña Beatriz de Galindo, que aún hoy conserva el renombre de la Latina, por serlo muy aventajada entonces, camarera de la reina, señora de altos blasones, y esposa del gran Ramírez, del moro en Málaga azote, y Alonso de Quintanilla, letrado de claro renombre, tras la regia silla estaban en pie, y con humilde porte.
Entró la camarera, bandeja de plata en mano, y presentó a la duquesa el correo. Había en él periódicos franceses, Ilustraciones metidas en su fino camisón de seda, dos o tres cartas de satinado sobre y heráldico timbre, y, nota desaliñada en aquel concierto, otra carta más, cerrada consigo misma, sellada con obleas verdes, regado de gruesa arenilla el sobrescrito.
Que venga, que tiene carta de sus padres. La camarera salía ya, y la duquesa añadió con mucho interés: -Que traiga la chiquitina...
Como si le quedasen pocas horas de vida y estuviese a punto de desaparecer de sobre el haz de la tierra, dispuso de todos sus bienes, haciendo donación de las joyas, de los más ricos vestidos y de parte de sus cuantiosos ahorros a favor de Leonor, su fiel camarera.
Quiso saber la reina primero, por qué le pedía con tanto ahínco aquella suspensión que tan derechamente iba contra la palabra que tenía dada a Ricaredo. Pero no se la quiso dar la camarera, hasta que le hubo otorgado, que haría lo que le pedía.
Tanto deseo tenía la reina de saber la causa de aquella demanda, y así, después que la camarera alcanzó lo que por entonces deseaba, contó a la reina los amores de su hijo y cómo temía que si no le daban por mujer a Isabela, o se había de desesperar, o hacer algún hecho escandaloso.Y que si había pedido aquellos dos días, era por dar lugar a que su majestad pensase qué medio sería a propósito, y conveniente, para dar a su hijo remedio.
Cuando terminó de bailar, la niña recordó haber visto a las grandes damas de la Corte arrojarle ramos de llores a Caffarelli, el famoso tiple italiano, y entonces, en parte por burla y en parte para enojar a su Camarera Mayor, sacó la rosa blanca de sus cabellos y la arrojó a la plaza con la más dulce de sus sonrisas.
Pero la Camarera Mayor decidió que el sol calentaba demasiado y que sería preferible que Su Alteza regresara sin tardanza al Palacio, donde le habían preparado una fiesta maravillosa.
Me abrió la camarera, y al verme hizo una mueca extraña, de burla, de alegría, de miedo, un gesto extravagante que me lo sugirió todo.
Estúvola la reina mirando por un buen espacio sin hablarle palabra, pareciéndole, como después dijo a su camarera, que tenía delante un cielo estrellado, cuyas estrellas eran las muchas perlas y diamantes que Isabela traía; su bello rostro y sus ojos el sol y la luna, y toda ella una nueva maravilla de hermosura.
Con tanta gracia y donaire decía cuanto decía Isabela, que la reina se le aficionó en extremo, y mandó que se quedase en su servicio. Y se la entregó a una gran señora, su camarera mayor, para que la enseñase el modo de vivir suyo.