calleja

calleja

s. f. Calle estrecha y corta. callejuela

calleja

 
f. Dim. de calle.
Callejuela.

calleja

(ka'λexa)
sustantivo femenino
calle corta y estrecha Los pueblos antiguos tienen pintorescas callejas.
Traducciones

calleja

Gasse

calleja

ruelle

calleja

SF = callejuela
Ejemplos ?
El ejército de operaciones al mando de Calleja y Flon, entra por nuestros pueblos conquistados como por su casa, y lo peor es que los seduce con promesas lisonjeras, de suerte que hasta con repique lo recibieron en Celaya, y tienen razon porque se les ha dejado indefensos.
Escuchen: Antaño, la Calleja de las Casitas no estaba empedrada; salías de un bache para meterte en un hoyo, como en un camino removido por los carros, y además era muy angosta.
Mas en vano a la reja al percibir pisadas acudía; en vano por la lóbrega calleja los tristes ojos con afán tendía; muchos alguna vez por ella entraban, y unos riendo y otros disputando, huyendo unos tal vez y otros cantando, pasar bajo su reja los veía; mas de ella a largos pasos se alejaban, y con ellos don Juan nunca venía.
Es ya inútil: pasada la sierra, han desaparecido por una estrecha y larga calleja formada por dos frondosas seturas, verde y pintoresco toldo, cuyas paredes no pueden atravesar los débiles rayos del sol que va a ocultarse; tampoco se columbra un alma en la campiña; y sólo turba el silencio de aquella soledad la voz de una mujer que, desde el fondo de la calleja, canta a grito pelado: Esta mujer ha debido de encontrar, yendo a la fuente a tía Nisca y a su marido.
De repente, y sin preludios, rasgando la bruma densa, un relincho se elevó hasta la celeste esfera, retumbando en las colinas cual la lúgubre trompeta llamando a juicio final al desquiciarse la tierra; y poco tiempo después, entre las zarzas espesas, viose aparecer un hombre hacia el fin de una calleja, avanzando a grandes pasos, que marcaba con presteza, sobre los duros morrillos, el son de su almadreñas.
Todo esto pensó Antón bajo el árbol, y lo volvió a pensar más de una noche en su cuartito solitario de aquella casa de madera en tierras extrañas, en la calleja de las Casitas de Copenhague, donde su rico patrón, el comerciante de Brema, lo había enviado, bajo el compromiso de no casarse.
pero, ¿cuándo? Un día, al pasar por la calleja un carro con enseres de una familia en mudanza, cayó junto a su puerta un tiesto con una planta.
¡tuba! del labrador que llama su ganado; tal cual sonido de almadreñas sobre los morrillos de una calleja... Y paren ustedes de escuchar, porque ningún otro ruido indica que vive aquella mustia y pálida naturaleza.
¿Ha venío el estudiante? -No, siñora... -Dios quiera que no me lo coma un lobo en dá qué calleja... ¿Y ónde está tu hermana? -Fue a la juenti.
¡Si yo fuese su mujer de usted...!» Y la respuesta: «Pues como fuese yo su marido..., la encerraba, por aturdida, por liosa...» Transcurrido un mes, Calleja se corrió e invitó a «esa golfa» a cenar los domingos.
En Méjico es popularísima esta frase: ¡Sépase quién es Calleja! En la guerra de la Independencia, hubo en el ejército realista un general, don Félix María Calleja, al cual dieron un día aviso de que los guachinangos o patriotas habían fusilado con poca o mucha ceremonia, que para el caso da lo mismo, cuatro o cinco docenas de prisioneros.
En la parte de la casa que recibía una dudosa luz por los estrechos vanos de aquel ajimez, único abierto en el musgoso y agrietado paredón de la calleja, habitaba Sara, la hija predilecta de Daniel.