Ejemplos ?
El espectrómetro de masas mide razones carga/masa de iones, calentando un haz de material del compuesto a analizar hasta vaporizarlo e ionizar los diferentes átomos.
BERGANZA.—Agradézcotelo, Cipión amigo; porque si no me avisaras, de manera se me iba calentando la boca, que no parara hasta pintarte un libro entero destos que me tenían engañado; pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razones y con mejor discurso que ahora.
Después, cuando poco a poco fui encontrándome a mí mismo, empecé a sentirme la garganta seca, la piel ardorosa, y me parecía que mi lengua era el fondo de un puchero vacío que se estuviese calentando a fuego lento y que las palmas de mis manos eran dos planchas de metal ardiendo que ni el hielo podrían refrescar.
¿y no debe el hombre débil o pobre obedecer al protector, sin preguntar demasiado al sol con qué derecho le quema los huesos, en verano, por tal de que se los siga calentando, en invierno?
Esta energía escapa en forma de radiación gamma y energía cinética de los fragmentos del núcleo, calentando así rápidamente la materia que se encuentre alrededor.
A la impaciencia siguió la cólera; se protestaba en voz baja todavía, con gesto irritado: ¡el miscerio!, ¡el misterio! murmuraba apagadamence el gentío; el ambience se iba calentando.
Pasa que la vía no está todavía alambrada, que los vecinos cuidan mal, y que a una vaca flaca que se estaba calentando los huesos en la misma vía, la alzó el miriñaque de la locomotora y la volcó en la zanja, hecha una bolsa de huesos.
─ ¿Qué es lo que haces tú por aquí? ─le preguntó el cornudo. ─ Pardiez, ya ves, me estoy calentando. He entrado y no había nadie.
El martes siguiente, envuelto en los susurrantes pliegues de una larga esclavina, con una máscara de terciopelo con barba de satén sujeta detrás de las orejas, esperaba a mi amigo De Jacquels en mi piso de soltero de la calle Taitbout, calentando mis pies a la vez ateridos e irritados bajo el contacto desacostumbrado de la seda, en las brasas del hogar; fuera, las bocinas y los gritos exasperantes de una noche de carnaval llegaban confusos desde el bulevar.
Resultado funesto, a veces; y si no fuera que asoma la primavera, calentando el lomo de los animales flacos que han sobrevivido, y haciendo brotar un poco el pasto nuevo, sería cosa de desesperar.
Lo dicen de muy mala fe, para irle calentando la cabeza al imperialismo: tu vecino, tu vecino va al socialismo y te va a crear un problema.
Un día, Traddles (que acababa de entrar, con una lluvia tremenda) sacó un papel de su pupitre y me preguntó qué me parecía aquella letra. -¡Oh, no, Tom! --exclamó Sofía, que estaba calentando las zapatillas de su marido. -¿Por qué no, querida?