caldeo

caldeo

1. s. m. Acción y resultado de caldear o calentar en el caldeo de la habitación se nos irá todo el presupuesto. caldeamiento
2. TECNOLOGÍA Operación que consiste en producir, por combustión, el calor necesario para una calefacción industrial o doméstica.

caldeo, a

1. adj. HISTORIA De Caldea, antigua región de Mesopotamia.
2. s. HISTORIA Persona originaria de esta antigua región.

caldeo, -a

 
adj.-s. Díc. del individuo perteneciente a un pueblo de tronco semita, que alcanzó Babilonia hacia el s. VII a C, fundando allí la dinastía caldea o neobabilónica.
De Caldea.
Caldaico.
m. ling. Lengua de los caldeos, una de las semíticas; en los últimos tiempos era el arameo.
Traducciones

caldeo

caldeo

caldeo

Chaldéenne

caldeo

الكلدانية

caldeo

SMwarming, heating (Téc) → welding
Ejemplos ?
,Quien, aunque fue de nación caldeo, no obstante, para que pudiese alcanzar semejantes promesas, y por él se propagase y dilatase su generación, dispuesta por los ángeles en virtud del Mediador»; en cuya descendencia estuviese este camino general para librar el alma, esto es el que Dios concedió a todas las naciones, le mandó Dios salir de su tierra de entre sus parientes y de la casa de su padre.
—Te encuentras en el Bosque de los Moradores Bendecidos por la Eternidad; aquí viven en la paz todos los seres salvados por la Gran Arca de Utnapishtin, el iluminado asirio-caldeo; convertidos en las almas simples y virtuosas de vegetales y animales.
Con todo, no pudo negar que la misma teúrgia, la cual elogia y recomienda como interesante para conseguir la amistad de los ángeles y de los dioses, negocia con tales potestades, que ellas mismas, o nos envidian la purgación de las almas, o se rinden y sujetan a las falaces artes de otros envidiosos, refiriendo ampliamente la queja de cierto caldeo alusiva a este punto.
No vale menos el sol, ni brilla menos, porque en vez de creerlo un Dios, como lo creía el pastor caldeo en la inmensidad del desierto, le creamos vasallo de otro sol, en cuya comparación debe aparecer más pálido, más blanquecino y más humilde que nuestra melancólica y apagada luna.
Y si a los dioses virtuosos les pareció indigna de la purificación la persona por quien se negociaba, ya no lo practicaron por los terrores que les impuso el envidioso, y, como él dice, no impedidos del miedo que pudiese causarles otra deidad más poderosa, sino libremente, es digno de admiración que aquel benigno caldeo, que deseaba purificar el alma con las consagraciones teúrgicas, no hallase algún otro dios superior que, o les infundiese mayor terror y obligase a los aterrados dioses a hacer bien, o que refrenase a los que les causaban miedo, para que libremente y sin obstáculo hiciesen bien.
El predicador, que era un pozo de sabiduría, después de un exordio eá que afirmó, bajo la honrada palabra de fe de no recuerdo qué autores, que las suras del Koran son seis mil seis- cientas sesenta y seis, y que las palabras de Cristo Eli Eli lamma sabachtani pertenecen á la lengua mava, y no al idioma hebreo, ni al asirlo, ni al sánscrito, ni al caldeo, entró de lleno en el tuétano de la Pasión.
De allí marchó a la región desierta de Cálcide, en la Siria oriental, para penetrar más a fondo el sentido de la paIabra dívina y refrenar al mismo tiempo, con la dedicación al estudio, los ardores de la juventud; allí se hizo discípulo de un cristiano convertido del judaísmo, para aprender hebreo y caldeo.
Narciso, no el de las flores pompa, que vocal sepulcro construyó a su boboncilla en el valle más profundo, sino un Adonis caldeo ni jarifo, ni membrudo que traía las orejas en las jaulas de dos tufos.
El sol caldeo su espalda acuchilla, baña terrible su dorso inclinado; arde de fiebre su leve mejilla, y la fatiga le rinde el costado.
12 Mas después que nuestros padres ensañaron al Dios de los cielos, él los entregó en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, Caldeo, el cual destruyó esta casa, é hizo trasportar el pueblo á Babilonia.
10 Los Caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: demás de esto, ningún rey, príncipe, ni señor, preguntó cosa semejante á ningún mago, ni astrólogo, ni Caldeo.
Yo me he dirijido á todos los doctos, y les he preguntado si jamas han leido algun libro viejo, griego, toscano, árabe, egipcio, caldeo, indio, persa, ó chino, donde hayan encontrado el nombre de Noé.