Ejemplos ?
Ese será el duque, quien confesará haber desvirgado a más de cinco mil durante treinta años. = 16. Obliga a un hermano a joder a su hermana ante él, y la jode después; antes hace cagar a los dos. 17.
Coloca a una mujer casada sobre una cama, la encoña mientras la hija de esa mujer, colocada en perspectiva encima, le hace besar su coño; al instante siguiente posee a la hija mientras besa el agujero del culo de la madre. Cuando besa el sexo de la hija, la hace orinar; cuando besa el culo de la madre la hace cagar.
No hubo ninguno aquel día, pero, estrictos siempre en cuanto a los permisos de cagar por la mañana, sólo se concedió este favor a Hércules, Mimí, Sofía y la Desgrangés, y Curval creyó descargar viendo cómo obraba esta última.
Mientras tanto, se extasía, mi puño apenas bastaba para hacer surgir los chorros de semen que pierde; sigo meneándosela, termino de cagar, nuestro hombre se encuentra en el séptimo cielo y dejo satisfecho de mí a quien por lo menos tiene la amabilidad de hacer decir a la Fournier que le mande otra muchacha al día siguiente.
La llena de bebida, luego le cose el coño y el culo; la deja así hasta que la ve desmayarse por la necesidad de orinar o cagar sin poder lograrlo o hasta que la caída y el peso de sus necesidades llegan a romper los hilos.
Curiosamente, por ejemplo, hoy estaba charlando con gente de Aerolíneas Argentinas, el JP1, que no es la JP, el JP1 es el combustible, no es la JP2, el JP1 se llama al combustible de los aviones que sí se produce casi todo salvo una pequeñísima parte que importan, que creo que lo hacen para justificar que nos cobran precio internacional, y me estaba contando la gente de Aerolíneas que inclusive no los dejan cagar la totalidad en Aeroparque porque, bueno, tienen acuerdo una y otra empresa para poder hacerlo en otra y entonces sacan hasta el último peso que pueden.
El abad, rechazando a la pequeña después de haber terminado, se abrocha, afirma que ha sido engañado al prometerle que se le haría cagar a aquella niña, que seguramente no había cagado nada y que él ha tragado la mitad de sus excrementos.
Me acerco, él examina atentamente mi culo, me pregunta cuál es mi edad, si es verdad que tengo muchas ganas de cagar, de qué clase es mi mierda, si es blanca, si es dura y mil otras preguntas que parecían animarlo, porque poco a poco, mientras hablaba, su verga se levanta y me la muestra.
Este pito de unas cuatro pulgadas de largo por dos o tres de circunferencia, a pesar de su animación, tenía una aire tan humilde y lastimoso, que casi se necesitaba un lupa para advertir que existía; sin embargo, a requerimiento del hombre, la cojo y, advirtiendo que mis sacudidas excitaban sus deseos, se puso en situación de consumar el sacrificio. —¿Pero es de veras, pequeña, que tienes ganas de cagar?
El disoluto, encantado, me besa el trasero y, al ver que yo lo apremio, porque ya no puedo aguantar más, me hace subir a una especie de armatoste muy semejante al que tenéis aquí en la capilla, señores; una vez allí, con mi culo perfectamente expuesto ante sus ojos, podía yo cagar en un orinal colocado un poco debajo de mí, a dos o tres dedos de su nariz.
—dijo el comendador—. Esto es servir bien a la clientela ¿Pero no desearías cagar, pequeña, en el orinal que te voy a traer? —A fe mía, señor —le contesté—, tengo tantas ganas que cagaría en cualquier parte, hasta en su boca...
Su manía usual, tan sucia como desagradable para la muchacha, consistía en cagar sobre la misma cara de su dulcinea, ensuciarla todo el rostro con su mierda y después besarla, chuparla en tal estado.