caí


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caí

(Voz guaraní.)
s. m. Argent. ZOOLOGÍA Mono propio de Sudamérica, de tamaño mediano, que se caracteriza por su casquete de pelos muy oscuros.
NOTA: Nombre científico: (Cebus.)
NOTA: También se escribe: cay
Sinónimos

caí

sustantivo masculino
Traducciones
Ejemplos ?
me dije por último. Y sentí que me cogían por los hombros, y me sacudían, y me daban voces en los oídos.... Caí... No pensé más...
El manzano plantado por los dos niños iba creciendo de año en año, y llegó a ser tan alto, que hubo que trasplantarlo al aire libre, en el jardín, donde caí el rocío y el sol calentaba de verdad.
-Que lo cuente el señor Curro que lo sabe mejor que yo y que cuando explica una cosa es un fenómeno; yo no sus diré más sino que una vez que le oí contar un viaje que jizo a la sierra en invierno vestío de verano, aquella noche caí yo en cama con cuasi una purmonía.
Dispuesto a romperle los huesos, me abalancé sobre él, pero Farjalla me lanzó tal puntapié en la boca del estómago que caí desvanecido en el fondo de la barca.
Y en el segundo encontré cinco mujeres bordando cuatro con el pelo negro y una con el pelo blanco. Allí llegué, prisionero, y allí me metí en el patio y le caí en las rodillas de aquella del pelo blanco.
No es más gordo el hilo de que se ha servido Pedro Antonio de Alarcón para tejer su Sombre- ro de tres picos 6 Historia de los amores de la Molinera y el Co- rregidor la más linda novela de contemporáneo autor que ha caí- do bajo mis lentes.
Durante dos meses, a su lado de día y de noche, velé por ella como un hermano. Pero al tercero caí a sus pies. Enid me miró inmóvil, y seguramente subieron a su memoria los últimos instantes de Wyoming, porque me rechazó violentamente.
Yo a los pies caí de Rosa; para mi alma enamorada era el mundo entero nada: sólo a Rosa vi yo en él; pero Rosa era orgullosa, y de un día en el espacio, con el aire del palacio se olvidó de mi vergel.
Del cual después que vi la gran bravura que con las armas demostró en la arena, caí presa de amor sin tomar cura hasta que no me vi del alma ajena.
Era como si aquella melodía me empujase hacia abajo junto con el ocaso. Mis ojos se cerraron involuntariamente: Caí adormecido y soñé.
Mis labios temblaban, mis ojos explotaban de pánico y mi cuerpo total se sacudía. De pronto el capullo se abrió y yo caí desmayado.
Con tal pequeño empujón, como en aquel túnel del reino de las magas de la oscuridad, se abrió y caí; todos voltearon y me vieron.