Ejemplos ?
No hay que advertir que pase en el período de un sol, aunque es consejo de Aristóteles porque ya le perdimos el respeto, cuando mezclamos la sentencia trágica a la humildad de la bajeza cómica.
El primer movimiento de los dos jóvenes fue llevar las manos al puño de sus espadas; pero, deteniéndose como heridos de una idea súbita, volvieron los ojos a mirarse, y se hubieron de encontrar con una cara de asombro, tan cómica, que ambos prorrumpieron en una ruidosa carcajada, carcajada que, repitiéndose de eco en eco en el silencio de la noche, resonó en toda la plaza y llegó hasta el palacio.
diga V., ¿qué es conocimiento en Valencia? La cátedra estalló en una carcajada: el profesor tomó la cómica seriedad que usaba cuando se sentía muy satisfecho.
Y de tal modo quedaron grabados en su imaginación los versos que le oyó recitar, que Cervantes los repetía en su edad provecta como modelo de cómica elocución.
Allí, en tropel confuso, los histriones con la careta cómica, ora al viejo lascivo remedaban o a la esclava astuta y corruptora, al pendenciero legionario, a la impura cortesana de los suburbios, al villano ebrio y al codicioso mercader, que pueblan las fábulas de Plauto y de Terencio.
Me detuve para esperarle, pero me dijo que siguiera adelante. Al llegar a casa de Agatón, encontré la puerta abierta y hasta me ocurrió una aventura bastante cómica.
Mariquita miró con expresión de cómica indignación al que de modo tan cruel recompensaba su feminil clarividencia, y -Pos eso no quiée dicir más, sino que tú chanelas menos que un tapón y que un puñao de virutas y que un rancho de calamares, y como yo no tengo la curpa de na de eso, a mí me tiées tú que mercar el mantón de la señá Lola Garabito.
En casa se desquitaba haciendo desternillarse de risa a su mujer, o aterrándola con el Otelo de su invención y entristeciéndola con el Hamlet que él había ideado. Ella también era mejor cómica en casa que en las tablas.
Y, por añadidura, esa mentalidad de pequeño burgués, que le impulsa a atacar de un modo indigno, grosero, torpe, superficial y hasta injusto a un hombre como Cabet —merecedor de respeto por su actividad práctica en el movimiento del proletariado francés—, mientras extrema su amabilidad, por ejemplo, con Dunoyer (consejero de Estado, ciertamente), a pesar de que toda la significación de este Dunoyer se reduce a la cómica seriedad con que en tres gruesos volúmenes Ch.
Y desde entonces, cuando veían que les suscitase una idea cómica -el bombo de la murga, el faldero de la brigadiera-, lo comparaban a don Atilano.
Pero el amante no pudo notar aquel gesto de burla mezclada de lástima. La cómica tardó apenas dos segundos en requerir la seriedad necesaria para que en su cara hubiera la expresión propia del caso.
Cayó el telón. El respetable público se sulfuró y armó una de gritos: «¡A la cárcel la cómica, a la cárcel!». El virrey, más colorado que un cangrejo cocido, abandonó su palco; y para decirlo todo de un golpe, la función concluyó a capazos.